Por qué la energía nuclear no puede resolver la crisis climática

Don’t Nuke the Climate.

La COP26 se acerca: 2 de noviembre de 2021. La industria nuclear (e incluso la del uranio) se está anunciando de nuevo como «salvadora» del cambio climático y sus impactos, y en algunas partes del mundo, está inundando los medios de comunicación con tales «noticias» / propaganda.

Todas sabemos que la energía nuclear NO salvará al mundo del cambio climático y sus impactos.

Ante esta situación, es necesario que las ONG se pronuncien claramente, rechazando la narrativa de la industria nuclear y dejando las cosas claras: Las fuentes de energía renovable son el camino a seguir, no la energía nuclear.

Para más información, visite Don’t nuke the Climate ( https://dont-nuke-the-climate.org)

Un grupo de ONG ha redactado esta DECLARACIÓN INTERNACIONAL dirigida a la COP26, en la que se destacan las deficiencias y los problemas de la energía nuclear y se pide un futuro con energías renovables.

Somos conscientes de que no se pueden abordar todos los aspectos de la energía nuclear frente a las renovables en una declaración de este tipo, y hemos intentado que sea breve y «legible».

Declaración de la sociedad civil de la CoP 26

El último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) pone de manifiesto la creciente crisis climática y los retos energéticos a los que nos enfrentamos.

Necesitamos un cambio urgente a nivel mundial hacia la energía limpia y renovable, y los gobiernos nacionales deben facilitar y gestionar activamente la transición de la dependencia de los combustibles fósiles y la energía nuclear a la energía renovable.

 

Esta transición mundial hacia una energía renovable limpia, segura y respetuosa con la naturaleza ya está en marcha y está generando empleo y oportunidades. Su desarrollo, basado en los principios de la justicia medioambiental y social, la equidad, la diversidad, la resiliencia y los derechos e intereses de las comunidades y de nuestro medio ambiente, proporcionará puestos de trabajo cualificados y sostenibles, actividad económica y un acceso fiable a la electricidad en todo el mundo.

Cada dólar invertido en energía nuclear empeora la crisis climática al desviar la inversión de la tecnología de energías renovables. La energía nuclear es cada vez más insegura y poco fiable en un mundo que se calienta, con paradas más frecuentes e incapacidad para funcionar de forma segura en condiciones climáticas cambiantes.

Desde las pruebas de armas nucleares hasta las instalaciones de residuos radiactivos, la industria nuclear tiene un historial de desplazamientos, trastornos y daños a la salud y los derechos de los trabajadores y las comunidades. Los pueblos indígenas, negros y de color se enfrentan a una carga y un riesgo desproporcionados por parte de la industria nuclear, ya que la extracción y el almacenamiento de residuos afectan principalmente a sus tierras y a menudo no se les consulta, compensa o respeta.

La energía nuclear es lenta, cara y peligrosa. No es neutra en cuanto a emisiones de carbono y plantea riesgos únicos de seguridad y gestión de residuos. No tenemos tiempo para esperar a que la industria se recupere de sus propios fracasos económicos, supere los retrasos en la construcción o cumpla la falsa promesa de la nueva tecnología.

El legado de zonas mineras contaminadas, la lluvia radiactiva y la cuestión no resuelta de los residuos nucleares demuestran los profundos riesgos de la energía nuclear. Estos riesgos se ven amplificados por el cambio climático y entran en conflicto fundamental con los principios básicos de sostenibilidad y equidad intergeneracional.

Las energías renovables nos dan la posibilidad de realizar una transición justa para los trabajadores del sector energético, sus familias y comunidades, y de proporcionar un acceso global seguro a la electricidad sostenible con bajas emisiones de carbono. La energía renovable es real, asequible, de bajo riesgo y limpia. La energía nuclear simplemente no puede satisfacer nuestras futuras necesidades energéticas.

A nivel mundial, tenemos múltiples opciones de energía renovable que, a diferencia de la nuclear, gozan de una amplia licencia social. Nuestras organizaciones, que representan a un amplio sector de la comunidad mundial, sostienen que la energía nuclear no es una respuesta climática creíble ni eficaz.

Apoyamos un futuro de energía renovable y consideramos que la energía nuclear es una peligrosa distracción del movimiento real sobre las políticas y acciones climáticas que necesitamos urgentemente.

Nuestras organizaciones sostienen que la energía nuclear es

  • sucia y peligrosa: Los reactores nucleares producen residuos radiactivos de larga duración que suponen una amenaza directa para el ser humano y el medio ambiente durante muchos miles de años. La gestión de los residuos radiactivos es costosa, compleja, controvertida y no está resuelta. La energía nuclear no puede considerarse una fuente de energía limpia dado el legado intratable e intergeneracional de los residuos nucleares. Todos los sistemas creados por el hombre fallan. Cuando la energía nuclear falla puede hacerlo a escala mundial. Los costes humanos, medioambientales y económicos de accidentes como los de Chernóbil y Fukushima son enormes y continuos. El desmantelamiento y la limpieza de los antiguos reactores y emplazamientos nucleares, incluso en ausencia de accidentes, es técnicamente difícil y extremadamente costoso.
  • insostenible: La energía nuclear depende de la extracción de uranio. Al igual que la minería del carbón, ésta tiene un impacto medioambiental adverso y pone en peligro a los trabajadores y a las comunidades. Es una industria sedienta que consume grandes volúmenes de agua preciosa, desde la extracción y el procesamiento del uranio hasta la refrigeración de los reactores. Las centrales nucleares son vulnerables a las amenazas que se ven agravadas por los impactos climáticos, como la disminución y el calentamiento de las fuentes de agua, el aumento del nivel del mar, la sequía, los enjambres de medusas y la creciente gravedad de las tormentas.
  • injusta: La industria nuclear afecta de forma desproporcionada a las comunidades indígenas y a las de menor nivel socioeconómico en todo el mundo. La extracción de uranio, el legado de las pruebas de armamento y el vertido de residuos nucleares afectan y amenazan a algunas de las comunidades más vulnerables del mundo. La exposición a la radiación también supone un mayor riesgo para algunos de los más vulnerables de nuestras comunidades, como los niñes, las mujeres embarazadas y las personas con problemas de salud subyacentes.
  • lenta: La energía nuclear es una respuesta lenta a un problema acuciante. Los reactores nucleares tardan en construirse y obtener la licencia, y aún más en convertirse en contribuyentes netos de electricidad. En todo el mundo, los reactores tardan habitualmente una década o más en construirse y los retrasos son habituales.
  • cara: La energía nuclear es actualmente una de las formas más intensivas en capital y más caras de producir electricidad y los costes siguen aumentando. Las estimaciones de los costes de los reactores en construcción en Europa y EE.UU. siguen aumentando y muchos de ellos superan el presupuesto en miles de millones de dólares y llevan años de retraso.
  • arriesgada para la seguridad: Las centrales nucleares han sido descritas como objetivos terroristas preestablecidos y suponen una importante amenaza para la seguridad. Es probable que se produzca un aumento de las operaciones policiales y de seguridad, con el consiguiente impacto sobre las libertades civiles y el acceso público a la información. La infraestructura nuclear de doble uso y la financiación, los recursos humanos y los vínculos más amplios entre los sectores nuclear militar y civil plantean problemas de proliferación de armas y de seguridad, especialmente en los Estados con armas nucleares.
  • envejecida o carente de pruebas: Los reactores nucleares existentes están muy centralizados y son poco flexibles. Carecen de capacidad para responder a los cambios en la demanda y el uso, son lentos en su despliegue y están mal adaptados a las redes y mercados energéticos modernos. Muchos de los reactores existentes son viejos y están a punto de ser desmantelados, y cualquier medida para prolongar su vida útil plantearía graves problemas de seguridad. Los pequeños reactores nucleares modulares (SMR) y otros proyectos nucleares de «nueva generación» no están en producción o uso comercial y siguen sin estar probados y son inciertos. Ni los fallidos reactores actuales ni los inexistentes reactores prometidos son una base creíble para un sistema energético nacional.
  • no es neutro en carbono: No existe la energía nuclear de emisiones cero o casi cero. Las emisiones de la energía nuclear son más bajas que las de los combustibles fósiles, pero mucho más altas que las de las renovables si se tienen en cuenta las emisiones del ciclo de vida y el coste de oportunidad. Casi todas las etapas de la cadena nuclear requieren insumos energéticos no nucleares adicionales. A medida que la calidad del mineral de uranio disminuya, la huella de carbono del sector aumentará, y el transporte de materiales y la gestión continua de los residuos nucleares también son intensivos en energía.

Nuestro futuro energético compartido es renovable, no radiactivo.

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