Fracking y prospecciones convencionales amenazan al Delta del Okavango

La transnsacional canadiense ReconAfrica ha adquirido los derechos de exploración de más de 35.000 kilómetros cuadrados en la cuenca del Delta del Okavango, en el noreste de Namibia, el noroeste de Botsuana y potencialmente el sur de Angola. Las previsiones son de entre 60.000 y 120.000 millones de barriles de petróleo y gas. Esta zona está considerada el “último paraíso de África” y está declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. La licitación incluye métodos convencionales y no convencionales como la fracturación hidráulica o fracking.  En enero 2021 ReconAfrica inició las operaciones de perforación exploratoria en el primero de los tres pozos de prueba previstos en Kawe (Namibia), en la cuenca del río Omatako.

Efectos ambientales del proyecto extractivo de ReconAfrica

Este proyecto extractivo amenazará el frágil ecosistema de las sabanas áridas del delta del Okavango, lo que constituye una amenaza directa a las vías fluviales vitales de Namibia y al suministro hídrico de más de un millón de personas, recurso que, como es de sobra conocido, es muy limitado en ese país. La cuenca del río Okavango sigue siendo relativamente prístina. La actividad petrolera supone un grave riesgo para el medio ambiente y el agua por los posibles derrames y escapes de gas tanto a ríos como a acuíferos. Las capas freáticas de la cuenca del río Omatako son poco profundas. Pero además el fracking implica un consumo masivo de agua dulce y un riesgo enorme de contaminación del agua por los productos químicos utilizados y la eliminación de aguas residuales.

La cuenca del río Okavango es además rica en biodiversidad. Estas sabanas son el hogar de la mayor población de elefantes del mundo y de un gran número de animales salvajes en peligro de extinción.

La zona de la licencia de exploración de la empresa incluía originalmente las colinas de Tsodilo, un sitio del Patrimonio Mundial de la Unesco. La Unesco está siguiendo los proyectos de exploración “con atención y preocupación”.

Los pueblos originales San del sur de África objetan el plan de exploración de gas y petróleo de la empresa canadiense ReconAfrica en la cuenca del Kavango, en el desierto del Kalahari, en Namibia y Botsuana. Obviamente, estas prospecciones y la consiguiente explotación dañarán y transformarán irremediablemente ese frágil ecosistema, del que depende este pueblo.

El pueblo San se considera custodio de esta tierra por miles de años y ser los legítimos habitantes actuales. Alegan que nunca se les ha consultado ni han aceptado que ninguna entidad realice prospecciones de petróleo y gas en su territorio.

Deficiencias de un proyecto inaceptable

La geohidróloga Surina Engelbrecht  de la Universidad de Free State alertó que “los deficientes procedimientos de evaluación del impacto ambiental que se siguieron y la aparente falta de una línea de base de los recursos hídricos regionales antes de permitir la exploración de petróleo y gas, apuntan a una grave falta de comprensión de los posibles efectos negativos para el medio ambiente … en esta sensible región”.

Una vez más, como en todos los proyectos extractivistas impuestos, a la justificación utilizada tanto por gobierno como por la empresa, ReconAfrica, es que traerá desarrollo en forma de puestos de trabajo e independencia energética, y también servirá para proveer pozos de agua comunitarios e infraestructuras.

Estos proyectos se suman a la gran ofensiva minera que afecta al cono sudafricano, y desde la colonización a Namibia. También a la gran ofensiva extractivista de empresas extranjeras entre las que se encuentran chinas, canadienses, estadounidenses y europeas como Total.

En febrero, WWF Namibia publicó una declaración a toda página en The Namibian y New Era, en la que pedía una evaluación ambiental estratégica transfronteriza antes de que se aprobaran nuevas perforaciones exploratorias.

La otra gran amenaza de este proyecto: la climática

Porque la otra gran amenaza de este proyecto extractivo es la climática. Si la cuenca del Kavango produjera los 120.000 millones de barriles de petróleo equivalentes previstas, equivaldría a unos cinco mil millones de toneladas de dióxido de carbono. Actualmente entre Botsuana y Namibia sólo emiten unos 13 millones de toneladas de carbono al año.

Este aspecto es relevante no sólo a nivel internacional sino local también, pues en el sur de África los impactos del cambio climático son mucho más significativos: se prevé que la mayor parte de Namibia y Botsuana experimentarán un aumento de 6 grados centígrados para el año 2100. Esto acelerará la extinción de especies y amenazará los medios de subsistencia que dependen de las lluvias anuales y de la buena disponibilidad de agua subterránea. Pero además, se da el caso que los beneficiarios, una vez más serán empresas y sociedades en otros lugares y países.

A su vez, la emergencia climática amenaza también especialmente al pueblo san que debido al expolio de su territorio y recursos han sido desplazados y dispersados a zonas más remotas y difíciles para habitar, especialmente por su calor y su falta de agua, con lo que sus condiciones de vida se dificultarían aún más.

Una diversa oposición en defensa de Okavango

Además del pueblo sam, otras organizaciones locales están haciendo campaña contra los proyectos de licitación. Ade más de las climáticas (Fridays for Future y Extinction Rebellion) también están presentes Frack Free Namibia & Botswana, Kavango Alive y Saving Okavango’s Unique Life.

A ellas se han sumado ahora muchas organizaciones internacionales, cerca de 200 organizaciones de todo el mundo (ver listado), y obispos y arzobispos anglicanos.

La organización Salvar la Vida Única del Okavango se opone al proyecto  porque opina que  ahora no es tiempo para “el futuro sin salida del petróleo y el gas sucios” sino “el momento de la curación, de la energía que depende del sol puro y del viento limpio, de los alimentos que nutren, del agua que es segura para beber”. Prosigue: “El momento de actuar es ahora. Hemos trazado una línea en la arena del Kalahari: hasta aquí y no más allá. Nos comprometemos a garantizar un futuro que afirme la vida de más de un millón de personas que dependen de este ecosistema único para satisfacer todas sus necesidades. Un futuro que asegure los medios de vida, la supervivencia de las especies y cree una muralla ecológica contra los efectos catastróficos del cambio climático inducido por el hombre en la región”.

Esta organización reproduce la frase de Berta Cáceres que, una vez más, lejos de hacer desistir en luchas las inspira en lugares remotos de todo el mundo: “La Madre Tierra, militarizada, cercada, envenenada, donde se violan sistemáticamente derechos elementales, nos exige actuar. (Construyamos entonces sociedades capaces de coexistir de manera justa, digna y por la vida. Juntémonos, y sigamos con esperanza defendiendo y cuidando la sangre de la Tierra y de sus espíritus.)”

https://mg.co.za/environment/2021-03-08-stop-oil-and-gas-drilling-in-namibias-kavango-basin-immediately-anglican-church

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