1 de mayo y pandemia del coronavirus: nos faltan días para celebrar a las personas trabajadoras

(A Planeta)

La celebración del 1º de mayo como día de l@s trabajador@s presuntamente tiene dos orígenes: el día celta de Beltane y la conmemoración de la huelga laboral de ese día en 1886 en Chicago.

El día celta de Beltane es el festival pagano a medio camino entre el equinocio de primavera y el solsticio de verano, muy del estilo de la noche de San Juan, celebrando con fuego a las fuerzas de la naturaleza y nuestra conexión con ella. Por otro lado, la huelga de 1886 en Chicago, es recordada por la represión policial de costumbre con que fue respondida y la consecuente reacción trabajadora. Empezó el 1 de mayo, pero tras la represión que sufrió, el 3 de mayo las huelguistas salieron de nuevo a la calle. La policía mató a un trabajador e hirió a muchos. El 4 de mayo tuvo lugar otra gran manifestación con más de lo mismo, con la muerte de 7 policías y 4 manifestantes. La policía culpabilizó a las 5 personas más prominentes de la huelga, a sus oradores, los 5 de Haymarket (August Spies, Adolph Fischer, George Engel, Louis Lingg y Albert Parsons) que fueron ejecutados. Así que éste también se puede considerar un aniversario de la represión policial y de la persecución, y fabricación y falsificación de casos contra dirigentes, algo que hoy en día y en muchos sitios continúa muy en práctica.

Por tanto, no otro día como el 1 de mayo concilia tan bien la lucha proletaria con nuestro pasado (y presente) pagano y conectado a la Tierra. Cuentan que en los funerales de los 5 de Haymarket cantaron:

Los amados dioses nos favorecen,
pero no os fiéis del propio Dios.
Somos hij@s de la Naturaleza
y vivimos en abierta guerra
con las clases de arriba.

La famosa Emma Goldman eligió ser enterrada cerca de los Mártires de Haymarket. La publicación de Emma la Roja era Mother Earth (Madre Tierra) (1906-17).

Este 1 de mayo no podremos celebrarlo al uso, tomando las calles y reivindicando los derechos de la clase que sostiene la economía. La pandemia del Covid-19 nos obliga a estar en casa a nivel global. Nunca la situación laboral y la actividad política había estado tan condicionada por una una situación biológica a nivel mundial. Nunca una crisis económica y laboral ha dependido tanto del efecto de nuestras acciones a nivel ambiental.

La pandemia perjudica a la clase trabajadora

Estos días de pandemia y el subsecuente confinamiento han supuesto una alteración enorme en nuestro modo de vida a todos los niveles, pero sobre todo laboral, pues la mayoría de nosotras hemos tenido que cesar nuestra actividad, con la salvedad de unas pocas personas que la han incrementado. Pero lo que está claro, una vez más, es que las que se llevan la peor parte son las personas trabajadoras, pues si bien algunos empresarios perderán dinero (que afectará a empresas donde trabajan personas) para ellos sólo es eso: pérdida de capital. Mientras que para las personas trabajadoras es su forma de conseguir ingresos, de asistir a sus familias, de pagar su hogar, alimentación, etc. Es su vida. Y el daño psicológico y social tampoco se puede medir.

Entre las que hemos tenido que cesar actividad, nuevamente, las más afectadas son las de siempre, personas trabajando como autónomas, en subcontratas de las que las grandes empresas o las instituciones mismas no se harán cargo, pequeños comercios, y todo el trabajo irregularizado, que sobre todo , en países más endeudados (India, Brasil, Súdáfrica, etc) supone una masa laboral ingente. En esos países ha reinado la represión, y también las revueltas. Hoy, 1 de mayo, en Sudáfrica, al igual que en muchos lugares de Estados Unidos (actualmente, muchos aspectos ya no difieren tanto entre países enriquecidos y endeudados), se convoca una huelga de alquileres porque la gente no puede pagar la renta.

Y si estos sectores laborales son los más afectados, nuevamente también, entre ellos, las más afectadas son las mujeres y las personas inmigradas (y nuevamente también, ente ellas, las más afectadas las mujeres inmigrantes, y las mujeres indígenas), por impedírseles acceso a los mismos tipos de trabajo, por concentrarse su mano de obra en los cuidados, y como siempre, por no valorarse un trabajo que nuevamente es indispensable, o que ahora, por falta de escuelas, cuidadores, etc, incluso se incrementa como es el correspondiente con el cuidado de la familia.

Nos acordamos también de aquellos que atraídos por los niveles de abundancia y derroche de nuestras sociedades, intentan venir aquí sin importarles los riesgos y engrosar las filas de la esclavitud, muchas veces expulsadas de sus hogares y países por el expolio transnacional que acaba con sus recursos o los destruye. Pero el sistema es selectivo: necesita abundancia para poder disponer de la mano de obra desechable, sin restricciones, pero tampoco a todos. Las políticas migratorias de la Europa Fortaleza son racistas, imperialistas y genocidas.

  Como también lo son las políticas para los pueblos indígenas, para los que no valen políticas de protección, ni resguardos ni nada. La promesa del capitalismo de facilitarles su ingreso a la sociedad y sus beneficios es falsa, porque se encuentran fuera de los centros neurálgicos de la economía. Lo único que quiere el sistema es su territorio, sus recursos y su conocimiento. A cambio les arrojan desechos y derrames, les contaminan y les enferman. Les matan un poco más lentamente. Les acorralan y abocan a la extinción. Ahora el coronavirus añade una nueva amenaza a las comunidades expuestas.

Nuevamente hemos presenciado la voluntad del empresariado en seguir con la actividad laboral, nuevamente, importándoles poco la salud de las personas trabajadoras. Importándoles sus beneficios, sin pararse a que no serán sólo ellos sino empresas en todo el mundo en las mismas situaciones, y que para ellos sí corresponden subvenciones. Una vez más se pone de manifiesto la falta de previsión, tanto de instituciones como de empresas: se debe contar con presupuesto para hacer frente a este tipo de acontecimientos, y también de infraestuctura u servicios de salud.

Los científicos han sido claros también, este tipo de fenómenos serán más frecuentes en un futuro. La razón, sobre todo, nuestra alteración de la biosfera, de los ecosistemas de los que dependemos , de la cadena trófica. O del calentamiento global que hace que muchos viruses no desaparezcan con las heladas, que otros se propaguen, etc y unido a otros aspectos de la globalización como el movimiento de miles de personas entre países, mala alimentación (por pobreza o por pérdida de cultura alimentaria, por ser más procesada, por intervenir más manos, etc etc), etc. También han sido claros: o se detiene la actual ofensiva contra la biosfera y se ponen medios económicos y políticos para paliar ciertos efectos como el cambio climático y otros, o a la larga (y a la corta) los gastos en paliar los efectos van a ser mucho mayores. Recordemos que en algunos lugares, incluidos los Estados Unidos, los efectos del cambio climático referentes al aumento de fenómenos meteorológicos extremos es ya enorme, con largos periodos en los que estos suceden, pero para los que hay que prepararse y luego rehacer la vida, en los que también se cesa gran parte de la actividad laboral, y con grandes gastos para reconstruir prácticamente todo. En los países empobrecidos aún más porque no cuentan con capital para hacer frente a esta situación, ni con los medios para extorsionar a otros (que entendemos tampoco plantean).

La conclusión: este sistema, el capitalismo neoliberal, no es para nada sostenible. Se basa en la deuda, en hacer pagar a los más pobres y chuparles hasta la sangre. En hipotecar los fondos de las futuras generaciones. Y su salud, y su futuro. Se basa en utilizar el dinero de la clase trabajadora, de su sistema sanitario, de sus pensiones. Se basa en esquilmar océanos, en pulverizar montañas, en barrer las selvas. Pero además de otras pandemias por venir, de fenómenos meteroógicos extremos, etc, habrá otras crisis, porque, por ejemplo el petróleo, el combustible fósil en el que se basa esta economíaa del despilfarro, alcanzó su pico hace 20 años. Desde entonces desciende y su presencia se irá limitando más y más. Idéntica es la situación de otos recursos. Por lo que las crisis están previstas (los que mejor lo saben las compañías energéticas, las petroleras, que buscan como diversificarse y nuevos nichos de negocio).

  Lo que está claro es que pese a la insistencia neoliberal de excluir a las instituciones o al estado de la economía y dejarles el control, lo que se evidencia una vez más, es que esto solo se reivindica por las empresas transnacionales a la hora de conseguir beneficio, y cómo y quién se lo embolsa, y para tener más libertad (mercado libre) a la hora de operar. Pero cuando hay problemas, sólo tienen a los estados, para rescatarlas con dinero público, con dinero aportado por toda la ciudadanía. El pufo transferido a las personas trabajadoras.

Un nuevo acrónimo, ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo), se ha hecho célebre estos días, como forma de rescatar con dinero público a esas empresas que no pueden pagar a sus personas trabajadoras. Nuevamente serán sobre todo las empresas las beneficiadas (y entre ellas las grandes), ya que, muchas personas trabajadoras quedarán excluidas de esas medidas (tercerizados, autónomos, trabajo irregular, trabajo doméstico, etc).

No hay planes de contingencia, porque hasta lo más mínimos como pueden ser las pensiones también han querido recortarlo y privatizarlo, o negados como en el caso de la renta básica. Por ello recordamos aquí también esas luchas, porque la pandemia ha demostrado que todavía podía ser peor y que no podemos bajar la guardia.

Y si nadie ha previsto desastres como estos ni contado con planes de contingencia, una vez más nos tenemos que acordar de las grandes instituciones financieras internacionales, cuya única y primera razón es esa, el predecir y prevenir estos desastres: el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, o la Organización Mundial del Comercio (OMC) quienes establecen las reglas comerciales e imponen medidas económicas a nivel internacional. Tanto el FMI como el BM fueron creados tras la II Guerra Mundial en el acuerdo de Bretton Woods precisamente para eso, para prevenir catástrofes económicas como la que provocó la II Guerra Mundial. Estas ni han olido esta debacle, como tampoco lo hicieron en 2008. Tantos millones, tantos consejos, tantos ajustes estructurales impuestos, tanta ciencia económica para tener que actuar a lo loco. Bueno, es fácil cuando todavía tienes a quien exprimir.

Ahora ya nos preparan (no es muy difícil intuir esto…) que la que viene es una crisis peor que la del 2008. Estamos hablando de una crisis, la del 2008, de carácter internacional que tuvo un impacto brutal en la economía, refiriéndonos con ello a la economía en general, global. A la economía de millones de personas, no sólo de las empresas o del empresariado, que entonces tampoco perdieron tanto o se beneficiaron con dinero público. En la CAPV (Comunidad autónoma vasca) para el 2016 eran 6.000 empresas las que cerraron. En el estado se perdieron 3,7 millones puestos de trabajo (18% de la población activa) (para 2013). Por no hablar de tdo el dinero púbilo que se destno a EREs, a asistir a muchas empresas o a rescatar a la banca (65.725 millones €). O la palabra deashaucio que entonces se introdujo en nuestro vocabulario (171.110 de 2008 a 2012según la PAH). Un economicidio.

No hace falta decir que esa crisis no estaba ni mucho menos superada, ni que nos golpeó fuertemente, pero nuevamente todavía más a las economía de países empobrecidos, que además ya habían vivido otras crisis. Tampoco que muchas de las soluciones no lo fueron tanto, o que ahora se demostraran inútile. A nivel global se apostó por el extractivismo (explotación de recursos como petróleo, gas, minerales, o agrícolas como soja, palma africana y otros), más flexibilidad laboral y más financiación institucional. Argentina, después d ela bancarrota del 2001, fue hipotecada al extractivosmo minero, petrolero y sojero, y sin embargo, pese a ese expolio y desatre ambiental y social, se volvía a declarar en bancarrota en 2014 y ahora a finales de 2019.

En nuestro caso se ha excedido en recurrir al turismo, lo cual tampoco era sostenible ni a nivel social ni ambiental, pero sobre todo que no es sostenible económicamente y que ahora se resentirá y afectará a miles de personas trabajadoras, y a la sociedad en general.

Así que si lo que nos espera es peor que el 2008, las personas trabajadoras nos podemos preparar. Nos estamos preparando.

Dentro de esa falta de previsión, hemos constatado que un sector particularmente afectado durante la pandemia ha sido el de las trabajadoras sanitarias, quienes han sido seriamente afectadas por un lado por aumentar su carga de trabajo y su presión y por otra por exponerse a la enfermedad y por tanto a la siniestralidad. Para el 8 de abril eran 26 los profesionales sanitarios muertos en el estado español. La semana anterior al 1 de mayo, eran 40.000 las y los sanitarios contagiados por el coronavirus en el estado. Así que, como se ha puesto de moda estos días, como cada uno de ellos durante estos dos meses de confinamiento, aplaudimos a ellas y ellos y recordamos las condiciones que se les ha impuesto por un problema del que nadie es culpable directamente, pero sí indirectamente.

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El mismo 1 de mayo trascendía a la opinión pública que más de 10.000. profesionales sanitarias (médicas, enfermeras, auxiliares, celadoras) contratadas para el COVID-19 no serían renovados por la Comunidad de Madrid e incluso pueden ser despedidos antes de que finalice su contrato.
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Pero hacemos extensibles los aplausos a todos los sectores que sostienen la economía, nuestra sociedad poniéndose en riesgo y a todos aquellos que han visto su vida y su familia en riesgo por las medidas que hubo que tomar. A todas ellas aplaudimos, pero este 1 de mayo también levantamos los puños por ellas, porque hay que reconocer su compromiso y hay que reconocerles sus derechos, mejores condiciones de trabajo y el riesgo y siniestralidad que también les afecta. Mucha de esas condiciones tiene que ver con los recortes impuestos en el sistema sanitario y con la privatización. A menor cantidad de personal mayor carga de trabajo. Y peor servicio, más riesgos, etc. Nuevamente, recordamos que esos recortes en una actividad indispensable, de puestos indispensables, ocurre mientras otros aumentan (policía, ejército, casa real, sueldos de políticos, infraestructuras inútiles, etc). O mientras muchos de los políticos que las imponían se untaban en casos de corrupción, y empresas y directivos se beneficiaban. Y que ocurrían a mandato o con el beneplácito de esas organizaciones financieras internacionales. Por lo tanto, aplausos para unos, pero para otros puños en alto. También recordamos quienes son esas personas trabajadoras sanitarias: son las de la salud pública, no nos olvidemos. Porque mientras, la privada también se ha beneficiado de ayudas y concertaciones de dinero público pero no está ahí.

Recordamos que ese sector no sólo no estaba preparado para una situación así sino que estaba luchando para mantener unos mínimos. Huelgas de sanidad, huelga de las cuidadoras de ancianos, que lucharon por meses para que les reconocieran sus derechos en Bizkaia, y ahora todavía lo hacían en Gipuzkoa. Ahora las cuidadoras que se encerraban en las residencias, fuera de sus familias para pasar el confinamiento con las personas ancianas… Por supuesto que tenéis nuestro aplauso! Pero hay que estar con ellas en la huelga. Y nuestro más profundo desprecio a esos que ponen en riesgo las residencias y que eliminan cuidados a nuestros mayores mientras gastan en…

Nos acordamos también de quienes mantienen actividades fundamentales como la limpieza y la alimentación. La limpieza está en su mayoría subcontratada, con grandes empresas como FCC, Garbialdi, etc que se benefician de mucho dinero público, y a nivel laboral imponen malas condiciones y bajos salarios, aprovechándose de esa abundancia de mano de obra deschable. Igual que la agricultura que hasta antes de la pandemia se encontraba en protesta y huelga, reclamando mejores precios que la miseria que llevan pagándoles por años, y la intervención del estado en la regulación de precios.

Son sectores que por las condiciones laborales, emplean a mucha mano de obra migrante. En el caso de las grandes explotaciones agrícolas, la mayoría de esa mano de obra migrante es irregularizada, sin derechos laborales de ningún tipo (y sociales tampoco!), en condiciones de esclavitud. Así que es preciso recordar a esas personas trabajadoras y el doble rasero no sólo de los fachas, sino también del gobierno y empresarios, que por un lado imponen a las personas obligaciones (permisos, impuestos, etc) pero por otra permiten estas situaciones conocedores de que es beneficiosa para la economía general, pero sobre todo para la particular de los empresarios.

Igualmente, similares condiciones se utilizan en el sector de la construcción y de la ingeniería, en los que las grandes empresas recurren a la importación de mano de obra más barata y con menos derechos de otros países, y a los que se imponen condiciones inaceptables. Nuevamente recordamos que esas medidas y condiciones solo favorecen a los empresarios e incluso a las instituciones, en detrimento de los trabajadores tanto locales como de los importados. Nos acordamos que en mega-obras no necesarias como el TAV (Tren de Alta Velocidad) ya son 9 los muertos siendo todos extranjeros (el Planeta no sabe de fronteras). Así que sólo queda denunciar tanto a esas empresas como a las instituciones, como el Gobierno Vasco, que no sólo permiten esta explotación siniestra, si no que son los principales beneficiados. Hipocresía sin escrúpulos.

Denunciamos también, que durante la pandemia, proyectos de infraestucturas cuestionados y rechazados como el TAV y otras infraestructuras no necesarias han sido prioridad, manteniendo esos gastos en lugar de derivarlos a otras necesidades, así como añadiendo aún más riesgo a esas personas trabajadoras.

Igualmente, en esta globalización que ha impulsado el Gran Capital, debemos acordarnos de todas las personas trabajadoras del mundo, sobre todo de aquellas de las que depende directamente nuestra economía y que las empresas con sede local (Iberdrola, BBVA, CAF, etc) explotan en otros países, y de todas aquellas empresas que externalizan sus actividades por rentabilidad pero contra los derechos laborales, de las personas y del medio ambiente. Tenemos que recordar que en muchos de esos países las personas trabajadoras tienen los derechos laborales negados, y en muchos también las necesidades básicas insatisfechas. Tenemos que recordar también que en muchos lugares esto es impuesto con violencia y represión que incluye la muerte. Una vez más, los beneficios de las empresas y la oligarquía se priorizan a las necesidades locales y a los derechos en otros países.

Si algo ha mostrado la pandemia es qué actividades son fundamentales, cuales no, y que superflua es nuestra vida creando nuevas necesidades que no lo son y un consmismo exacerbado que incide en un mayor uso de recursos y por lo tanto en mayor extractivismo, y mayor producción de residuos. Defendemos el empleo, defendemos los derechos laborales, pero de igual forma debemos incidir en puestos de verdad necesarios y que no continúen por esta senda desarrollista que ha provocado o facilitado esta pandemia y sus efectos, y otros desastres ambientales y sociales. La economía de nuestra región no puede estar supeditada a la industria automotriz, ni a la armamentística, ni a un turismo que no contempla las limitaciones de nuestra sociedad, ni a actividades contaminantes o de gran impacto en el medio ambiente.

Pero además, es que hay alternativas. Por un lado habrá que incidir en esas actividades que han demostrado ser fundamentales, y hacerlo de forma que se busque la sostenibilidad y una armonía con Amalurra (Madre Tierra). Por otra en puestos que sirvan para prevenir futuras y previstas situaciones como esta. También puestos para paliar el cambio climático, que están probados. La Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA, por sus siglas en inglés) presentaba estos días un cálculo global de 100 millones de empleos para 2050 en torno al desarrollo de energías renovables. Bizi! Calculaba en 10.000 los posibles empleos a generar sólo en Iparralde1.

En esta situación, de crisis pero con otra mayor en camino, y con los ricos haciéndose más ricos, las opciones y demandas son claras: control obrero de los medios de producción, reparto de la riqueza, y que ellos paguen la crisis y los impactos de sus actividades (no se tenía ni que plantear). En la anterior crisis de 2008, el 10% más rico de la economía española pasó de concentrar el 44% de la riqueza a controlar el 53% en 2014 (según datos del Banco de España). Así que no podemos quedarnos plantadas mientras ahora nuevamente ocurre lo mismo. Más de 3.000 millones de personas, casi la mitad de la población mundial, vive en extrema pobreza, con menos de 2,50 dólares al día. Esa miseria se revertiría igualmente con menos de un cuarto de los ingresos de los 100 multimillonarios más ricos del mundo, 60.000 millones de dólares anuales. No podemos quedarnos plantadas.

Debemos estar listos y recuperar o demandar los medios de producción que están en manos empresariales, pero que debían ser de las personas trabajadoras. Si las empresas son abandonadas, las personas trabajadoras deberán estar listas para retomarlas y autogestionarlas, y la sociedad lista también para defenderlas y contribuir a su mantenimiento a partir de redes.

1 de mayo: confinadas para reemprender la lucha

Como decimos, la pandemia ha puesto de manifiesto muchas cosas como las citadas antes (actividades innecesarias, consumismo, etc, etc) que han supuesto una mejora ambiental y de las condiciones de vida. Muchas personas lo han percibido, lo han agradecido, y lo que es más, han visto que es posible y que ese es el camino. Hemos visto también que bajando niveles de ajetreo, de consumo, velocidad, podemos vivir, y hacerlo incluso mejor.

La pandemia ha servido pues, en muchos sentidos, para que muchas personas hayan abierto los ojos. Ha aumentado la pérdida de credibilidad de la clase política y las grandes empresas. Estamos confinados, pero no hemos bajado la guardia, ni hemos dejado de comunicarnos, ni de intercambiar información, ni de analizar esta compleja situación, ni en cierta forma de luchar con los medios que nos quedaban.

El confinamiento en sí, pese a la imposición legal y policial (que ha incluido abusos flagrantes), ha sido y es sobre todo un ejercicio de solidaridad además de prevención, en el que, pese a poner mucho en juego (ingresos, puestos, negocios, etc) la gente ha entendido que era necesario por las demás personas y sobre todo por las más vulnerables.

La pandemia ha provocado el desarrollo, pese a las limitaciones del confinamiento, de grupos y redes de apoyo,  ayuda mutua auto-organizada e independiente de partidos e instituciones, en todas las ciudades. Improvisados pero eficaces. Estos grupos no sólo han prestado ayuda de forma voluntaria y desinteresada, sino que han demostrado las limitaciones del sistema capitalista, y lo grande que son aspectos innatos en la humanidad como el de la solidaridad. Estos grupos también han prestado ayuda a todas sus vecinos independientemente de su afinidad política. Estos grupos han desarrollado toda esta actividad durante dos meses y serán más, evidenciando la desidia institucional, su insostenibilidad y en muchos casos su obstruccionismo, por lo que son colectivos que serán fundamentales en la lucha futura porque ya han sabido auto-organizarse y porque lo han hecho desde el criticismo.

Durante estos días, muchas personas se han aletargado, muchos han seguido los discursos sensacionalistas y pesimistas. Pero muchas hemos seguido informándonos y compartiendo experiencias y sentires, gracias a los medios actuales que hacen que no estemos tan aisladas, pero que además continuan generando información fuera de los monopolios capitalistas. Vamos a salir reforzadas. Tenemos que aprovechar la coyuntura para continuar y progresar nuestras propuestas y acciones. Tiempos de crisis son tiempos de oportunidades, no sólo para el Capital, para las trabajadoras también. No podremos estar en la calle el 1 de mayo, pero al final, esa es tan sólo una efemérides más. Lo importante será estar en la calle el día que termine el confinamiento. Y seguir ahí, y en las fábricas, y en las escuelas, y en los hospitales. Meses de confinamiento han reforzado nuestras conviciones.

Hemos aprendido también otra cosa en esta pandemia, de este pequeñísimo virus: que con unidad y cuando la necesidad es apremiante podemos actuar colectivamente. ¡Y qué fácil es tener un efecto social! ¡Qué fácil es pararlo todo!

 

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