21 de septiembre: Día Internacional de Lucha contra las Plantaciones de Monocultivos de Árboles

(traducido por A Planeta)

Carta abierta sobre las inversiones en plantaciones de monocultivos de árboles en el Sur global, especialmente en África, y en solidaridad con las comunidades que resisten la ocupación de sus territorios. Firmada por 120 organizaciones de 40 países entre ellas Suhode Foundation (Tanzania), World Rainforest Movement (internacional), y las mozambiqueñas Justiça Ambiental (JA! ), Accão Académica para o Desenvolvimento Rural (ADECRU),  Missão Tabita – Associação das Igrejas Evangélicas de Mulevala, y así como más de 730 miembros de las comunidades mozambiqueñas.

21 de septiembre es el Día Internacional de Lucha contra las Plantaciones de Monocultivos de Árboles.A diferencia de otros, este Día no fue creado por las Naciones Unidas (ONU) ni por los gobiernos. El Día fue creado en 2004 por las comunidades rurales, reunidas en el interior del Brasil, para denunciar y arrojar luz sobre los impactos de las plantaciones de monocultivos de árboles en sus territorios, y afirmar su determinación de resistir a esas plantaciones y recuperar sus territorios de las manos de las empresas. 16 años más tarde, el Día sigue siendo tan pertinente como siempre: existe un peligro real de que se produzca una gigantesca expansión mundial de las plantaciones de monocultivos de árboles, que se promueve como solución para evitar el caos climático y la dependencia del mundo industrializado del petróleo, el gas y el carbón. Un grupo de gobiernos, empresas, consultores, inversionistas y las principales ONG conservacionistas se han unido para poner sobre la mesa sus megaplanes(1) para la expansión de las plantaciones de árboles.

Aunque muy cuestionado, un bosque tal como lo define la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) y varios gobiernos nacionales, incluye erróneamente las plantaciones de monocultivos de árboles. A sus ojos, las plantaciones son “bosques plantados”. Esta definición favorece únicamente a las empresas de plantación, garantizando así su principal objetivo: generar beneficios. África es el continente con “el potencial de forestación más rentable del mundo”, según un informe elaborado en 2019 por consultores del Banco Africano de Desarrollo (BAfD) y la ONG conservacionista WWF-Kenia: “El estudio ha identificado alrededor de 500.000 hectáreas de tierras de plantación viables en diez países: el estudio propone la rápida creación de un Fondo, con sede en un paraíso fiscal (Mauricio), para financiar la plantación de las primeras 100.000 hectáreas de árboles.

Para que estas plantaciones generen beneficios a los inversores privados, el estudio afirma que será necesaria la ayuda de los organismos públicos europeos de cooperación internacional, es decir, de la Unión Europea, dinero de los contribuyentes de los países del norte de Europa, a saber, Finlandia, Suecia, Noruega, Dinamarca, Islandia, el Reino Unido y los Países Bajos, así como del Banco Mundial a través de la Corporación Financiera Internacional (CFI), que concede préstamos a empresas privadas.

El estudio y sus recomendaciones nos dejan perplejos e indignados, dadas las falsas suposiciones e incoherencias en las que se basa (véase el anexo I para una descripción más detallada). A continuación presentamos un resumen de nuestras principales críticas.- El estudio repite las mismas traiciones y falsas promesas que siempre hacen las corporaciones y sus defensores.- Afirma que las plantaciones mejoran las condiciones de vida de las comunidades, crean puestos de trabajo, mejoran el suelo y la calidad y cantidad de agua. Los proyectos “sociales” de las corporaciones serían atractivos para las comunidades.

Sin embargo, las plantaciones provocan un gran número de violaciones de derechos, crean muy pocos trabajos mal pagados y peligrosos, destruyen bosques y sabanas, degradan los suelos, contaminan y secan las fuentes de agua y destruyen el modo de vida de las comunidades. Con las plantaciones llegan guardias que restringen la libertad de movimiento de las comunidades; aumentan los casos de abusos, la violencia sexual contra las mujeres y las infecciones por el VIH/SIDA.

La promesa de proyectos “sociales”, a menudo no cumplidos, es la principal baza de negociación para que las empresas accedan a las tierras de las comunidades -el estudio se refiere a los conflictos de tierras sólo como “desafíos” y la solución propuesta es “seguir el FSC y otras mejores prácticas”. En primer lugar, las 500.000 hectáreas que el estudio sugiere que las empresas deben plantar, ya que las plantaciones de monocultivos de árboles no son tierras abandonadas o degradadas. Las corporaciones siempre quieren tierras fértiles, generalmente planas y con disponibilidad de agua, es decir, tierras que tiendan a ser utilizadas por las comunidades.

Al recomendar el FSC, el estudio ignora la amplia documentación que demuestra que el FSC no resuelve los problemas estructurales de las plantaciones, y menos aún los conflictos por la tierra. El FSC engaña a los consumidores al considerar “sostenible” el modelo de plantaciones de monocultivos a gran escala, ya que siempre lleva a que grandes extensiones de tierra sean controladas por las corporaciones y a que se haga un uso intensivo de agroquímicos y fertilizantes sintéticos. Hasta ahora, la compensación para las poblaciones que han perdido sus tierras y medios de subsistencia siempre ha sido irrisoria o inexistente.

Mientras tanto, los daños sociales, ambientales, económicos y culturales causados por las plantaciones de monocultivos de árboles en las zonas rurales de los países africanos nunca han sido compensados por las empresas. No hay manera de calcular los daños y gran parte de los perjuicios causados son irreparables. El estudio hace referencia a un proyecto del Banco Mundial/CIF en Mozambique, subrayando que “un elemento importante del enfoque de la CFI será definir y registrar los derechos de la tierra”.

De hecho, el Banco Mundial, además de financiar plantaciones, tiene una política de alentar a los gobiernos de los países del Sur a acelerar la concesión de títulos individuales y, por consiguiente, la privatización de la tierra, en un intento de impedir su reconocimiento colectivo como tierras comunitarias. El Banco Mundial ha venido promoviendo en todo el mundo la entrega de tierras comunitarias al capital privado.

Entre ellas cabe mencionar un examen de la política forestal y su estrategia de aplicación y, muy recientemente, un proceso de consulta pública con miras a revisar también la política nacional de tierras. En todos estos procesos el Banco Mundial es el denominador común en términos de promoción y “apoyo” financiero. Este examen se está llevando a cabo con el pretexto de mejorar la transparencia y la eficacia de la gestión y las políticas de tierras, y obligará inevitablemente a modificar la Ley de Tierras y su respectivo Reglamento, legitimando así la ocupación de tierras comunitarias que proporcionan condiciones de vida a las comunidades y los pueblos.

El estudio afirma que las plantaciones de árboles serían “un sumidero de carbono estable y a largo plazo”, y darían lugar a “beneficios sustanciales de adaptación” frente al cambio climático a nivel local. Al afirmar esto, el estudio hace caso omiso de un conjunto creciente de trabajos científicos que demuestran que las plantaciones de árboles de monocultivo son una falsa solución climática. Las experiencias de las comunidades de todo el mundo con las plantaciones de árboles de monocultivo muestran que crean un entorno local aún menos preparado para responder a los impactos cada vez más perceptibles del cambio climático.

El estudio afirma que “las empresas petroleras e industriales mundiales” quieren “convertirse en parte de la solución y no en una parte importante del problema”. Están empezando a ver el potencial de las inversiones forestales”. Las empresas petroleras y de gas son una parte integral de la crisis climática, independientemente de tales proclamaciones. No han mostrado ningún interés en resolverla; por el contrario, pretenden invertir en primer lugar en falsas soluciones – después de todo, los beneficios están por encima de todo. – Otras declaraciones falsas incluyen: “el mundo necesitará el tipo de forestación intensiva (…) que la industria forestal brasileña está llevando a cabo”; y que el vecino de Brasil, Uruguay, es “el país forestal más recientemente desarrollado del mundo”.

Lo cierto es que la experiencia brasileña en materia de plantaciones industriales de árboles durante los últimos decenios ha dado lugar a numerosos conflictos por la tierra y a la degradación del medio ambiente. Los municipios con las mayores concentraciones de plantaciones se encuentran entre los más pobres, en comparación con los que tienen una agricultura diversificada basada en los pequeños propietarios.

En el Uruguay se producen los mismos efectos negativos. En las zonas rurales se ha producido un éxodo masivo de personas, y la población rural se ha reducido a la mitad. Además, los ciudadanos del Uruguay han contraído una enorme deuda debido a un reciente contrato entre su Gobierno y la multinacional finlandesa UPM. Según este contrato, el gobierno acordó realizar obras de infraestructura multimillonarias para dar servicio a UPM y a los planes de exportación de su segunda fábrica de celulosa. Las nuevas plantaciones de las empresas privadas se han detenido en los últimos años”.

Esto no sólo revela que los beneficios son lo que realmente importa a los inversores privados, sino también que los autores del estudio ignoran deliberadamente la principal razón por la que se ha impedido la expansión de las plantaciones industriales en varios países africanos: la resistencia de las comunidades contra esas plantaciones de monocultivos.

– El estudio también trata de atraer a los inversores, sugiriendo “la posibilidad de plantar [árboles] a costos significativamente más bajos (…), más o menos la mitad de lo que se hacía hace 10 años (…)”. El hecho de que las empresas prometan que tendrán que gastar menos significa que el peso de los proyectos de plantaciones industriales del fondo propuesto recaerá aún más en los países africanos ya endeudados y, por consiguiente, en sus poblaciones, en particular en las comunidades rurales que corren el riesgo de perder sus tierras más fértiles.-Es importante destacar que una ONG “conservacionista” es coproductora de este estudio que promueve inversiones que beneficiarán en primer lugar a las empresas privadas. El propio estudio revela cómo ONG como el WWF ya no deberían ser consideradas ONG, ya que funcionan y actúan como la “mano derecha de la industria de las plantaciones”.

– El informe hace referencia a una versión no pública del estudio que no ha sido divulgada al público hasta donde sabemos. En el informe también se señala que “(…) existe una clara coalición de DFIs [instituciones de financiación del desarrollo] interesadas en seguir debatiendo este tema [la creación del Fondo], entre otras cosas: CDC [Reino Unido], Finnfund [Finlandia], IFC [Banco Mundial], NDF [países nórdicos: Finlandia, Noruega, Suecia, Dinamarca, Islandia] y FMO [Países Bajos]”. Esto demuestra que las decisiones sobre las inversiones se están tomando sin la participación de las comunidades y otras organizaciones de la sociedad civil y movimientos sociales de las regiones en cuestión, es decir, las partes más afectadas. ¿Cómo puede seguir siendo aceptable en el siglo XXI que los organismos públicos de cooperación internacional utilicen el dinero de sus contribuyentes de esta manera? ¿Ocultando sus decisiones a sus propios ciudadanos y a las poblaciones que se verán afectadas? Cuando las empresas de plantación y sus inversores, después de que todo se haya decidido, declaran que aplican el principio del “consentimiento libre, previo e informado” de las comunidades, ¿merece esto alguna credibilidad?

Exigimos que la versión no pública de este estudio sea publicada inmediatamente por el BAfD y el WWF-Kenia, para que su contenido sea conocido por las comunidades y la sociedad civil organizada de los países en los que pretenden llevar a cabo sus planes.

Reiteramos nuestra indignación por la canalización de recursos públicos hacia inversiones privadas, a través de paraísos fiscales, para ser invertidos en actividades altamente perjudiciales, como las plantaciones de monocultivos a gran escala.

Exigimos además una amplia revisión del proceso de asignación de tierras a las corporaciones de plantación, asegurando la devolución de las tierras a las comunidades que dependen de Monocultivos, Africa, Abya Yala, Uruguay, Kenia, Brasil, Mozambiqueellas, hoy y en el futuro. En Mozambique, por ejemplo, la agricultura campesina constituye la principal garantía de subsistencia para más del 80% de la población, y la tierra es lo único a lo que pueden recurrir las comunidades para garantizar la seguridad y la soberanía alimentaria.

Reiteramos nuestra solidaridad en este 21 de septiembre con las luchas legítimas y justas de las comunidades de todo el mundo que resisten el avance de las plantaciones y se esfuerzan por recuperar sus tierras perdidas, que deben ser recordadas y hechas visibles cada día. Y sin duda resistirán este nuevo e insensato plan de expansión propuesto en el estudio del BAfD y el WWF-Kenia y comentado en esta Carta Abierta.

Apelamos a la solidaridad y la unidad, para que juntos podamos exigir el abandono inmediato de todos y cada uno de los programas de forestación basados en la plantación de monocultivos a gran escala.la lucha continúa!

¡Las plantaciones no son bosques!

(1) Por ejemplo, el “Desafío de Bonn”, con el ambicioso objetivo de establecer plantaciones en 350 millones de hectáreas en todo el mundo para 2030, la iniciativa AFR100, cuyo objetivo es 100 millones de hectáreas en África, también para 2030, o la campaña para plantar 1 billón de árboles en todo el mundo, lanzada en el último Foro Económico Mundial de Davos.

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