SALTO EVOLUTIVO SOCIAL

Por la Chula Potra

 

“La labor del profesional honrado es lo más sagrado para la Polis” Hesiodo.

Según los griegos, que tanto reflexionaron sobre la ciudad y su organización, política era el arte de vivir en sociedad.

¿QUE ES LA POLÍTICA?

En concepciones más actuales desde la ciencia política, es la actividad con la que una Sociedad resuelve los problemas que le plantea su convivencia colectiva, resultando de ello una práctica dirigida al bien común. Esta actividad de poder público debe promover la participación ciudadana porque  solo ella tiene la capacidad de distribuir y ejecutar el poder según lo requiera ese bien común.

En tanto miembros de la comunidad, tenemos derecho a una organización pública que sostenga nuestra vida con seguridad. Pero también las actitudes individuales son políticas. Y de ellas devienen los deberes ciudadanos para apoyar y alimentar esa organización pública que nos da sustento. Este recibir y dar es el principio de motivación, y cuando se lleva a cabo, la ciudad tiene energía, está saludable, y puede mantener un movimiento que da Vida Pública y cuida las Vidas individuales, acompasado, retroalimentandolas.

Iruña, como el resto de ciudades del mundo, está en crisis, porque la Sociedad Humana Global está en crisis. Necesita cambiar su modelo urbano para adaptarlo a las nuevas circunstancias que exige el tiempo histórico y poder seguir ofreciendo ese bien público que la hace Ciudad. Y su Ciudadanía necesita aumentar el compromiso con su ciudad porque si no, esa transformación no es posible, puesto que no estamos hablando únicamente de políticas municipales, si no de un cambio en los hábitos de vida que dan forma a esa ciudad que necesita ser administrada. Este reto es insoslayable. La opción única es entre dirigir el cambio, o ser arrollados por él.

Hoy en día entendemos la política como un ejercicio de poder dentro del ámbito público institucional. El término de poder en política es crucial, porque su percepción, que es el poder, y su ambición, lucha por el poder, condicionan la mayoría de las expresiones de política institucional. Las elecciones electorales reparten ese poder para 4 años. Por eso son tan importantes para los partidos, que hoy en día, son, sobre todo, fábricas de votos.

¿QUE ES EL PODER?

Pero el poder, aunque así lo valoremos la mayoría, no es sinónimo de política. Es un término neutro que se expresa en cada acción realizada, tomando su valor de esa expresión concreta de poder, pero no por sí mismo. El poder no es de derechas ni es algo que los movimientos populares deban rechazar. El poder no es bueno, ni malo. El poder, únicamente es, la CAPACIDAD DE HACER COSAS. Lógicamente, según quien sea titular de esa capacidad, tendrá lugar una expresión de ese poder u otra.

Las estructuras electorales, especialmente las que han conseguido más votos en las últimas elecciones, los bancos, los medios, las religiones, y por supuesto, el Pueblo, cuando se une, tienen poder.

¿SOY DOGMATICA?

También dentro de lo que hoy en día concebimos como política, hay dos términos que debieran hacerse conscientes, por las consecuencias que conllevan en el diseño de las estructuras políticas y de sus estrategias. Se trata de la dicotomía entre política dogmática y política funcional. La primera ve el proceso político como una estrategia ortodoxa considerada “la verdad”, que no tiene criterio de discusión. La segunda sin embargo admite en sus diseños y tomas de decisión la discreción, esto es, la prudencia, la moderación, la sensatez, antónimos de la imprudencia, el maximalismo o la estupidez. Estos aspectos facilitan la negociación y el consenso, valores primordiales en una democracia.

Los movimientos conservadores y progresistas reproducen el dogmatismo. Cualquier opción política electoral, en esta cultura política que tenemos, llega a ser dogmática. Es posible que la propia naturaleza de los partidos promueva el dogmatismo. También es un aspecto muy extendido entre nosotr@s a nivel individual, porque hemos sido educados en un ambiente que lo era y lo fomentaba. Sería muy saludable socialmente acabar con el dogmatismo político, pero debiéramos ser conscientes que eso no significa acabar con un  movimiento político concreto, sino más bien superar esa visión dogmática en cualquier proyecto político, ciudadan@ y personal. Este dogmatismo es muy valorado, porque se identifica con la fortaleza, la razón, la seguridad vital, la tradición. Pero es un freno para las transformaciones, individuales y sociales, porque el cambio siempre conlleva un espacio de incertidumbre que cuestiona “la Verdad” del dogma. Hoy en día es especialmente peligroso, porque necesitamos profundos y perentorios cambios en todos los niveles de lo que somos y compartimos las personas, a pesar de las estructuras de poder de todo tipo que sostienen el status quo.

SOCIAL Vs LIBERAL

Por otra parte, las diferentes visiones sobre la política se asientan a su vez en ideologías que a simple vista parecen dispares, pero que en su realidad profunda pueden resumirse en teorías autoritarias o teorías “libertaristas”. El autoritarismo se materializa en proyectos en los que el poder recae sobre grupos sociales reducidos (partidos, lobbys, corporaciones), e incluso personas individuales (dictadores, directores generales…).  El autoritarismo es conservador, quiere que las cosas se mantengan tal y como están, puesto que ninguna nueva situación le puede favorecer más que la que ya tiene. Si acomete algún cambio, siempre será para afianzar su poder. Como la vida es movimiento, y la acción humana puede, y más desde una toma de decisión autoritaria, cometer errores y cambiar el medio, esa incapacidad del autoritarismo de aceptar los cambios provoca que esos cambios inevitables se produzcan por excesos, coacciones, agresiones, constreñimientos, crueldad, que son los únicos que pueden superar el rechazo del autoritarismo al cambio natural social y hacerlo mover de sus posiciones.

Por el otro lado, dentro de ese “libertarismo” encontramos el socialismo y el liberalismo, ya que ambos defienden el derecho de decisión. El socialismo, de la comunidad, el liberalismo, del individuo. Ambas ideologías son progresistas porque aceptan que debe haber un ejercicio libre continuo de decisión, en tanto siempre hay una necesidad continua de elección, impuesta por la propia naturaleza de la vida, que es movimiento, cambiante. Esta necesidad de cambio y el derecho a su adaptación, conlleva una convicción en la división del poder. Desde el socialismo, porque cree que todas somos iguales ante ese poder. El liberalismo, porque cree en el derecho de las personas de poseer su cota individual de decisión sobre sus asuntos. Visto desde este punto, ambas posturas “libertaristas” son complementarias: Las personas y sus comunidades debieran ser libres de decidir.

Un objetivo político importante hoy sería, más que anularse una a la otra, fomentar el clima para que las personas sean capaces de tomar sus propias decisiones en el marco que ofrecen las comunidades que a su vez, también tienen poder de decisión sobre lo público. El socialismo y el liberalismo pueden hacer un ejercicio de empatía y conjunción. Y esto descargaría de dogmatismo a la sociedad. El socialismo debiera practicar que solo las personas libres crean comunidades libres, y el liberalismo, reconocer que una persona libre solo puede serlo realmente en una comunidad libre.

En cuanto a las prioridades sobre el ejercicio de ese poder, de esa capacidad de hacer cosas, las ideologías sobre la política y sus acciones consecuentes pueden tener una visión colectivista, que, a derecha o izquierda, dan prioridad a la comunidad sobre el individuo, y las individualistas, que ponen la importancia en el individuo. En este caso hay un término crucial, el contrato social, acuerdo realizado dentro del grupo por sus miembros, en libertad, por la que se adquieren derechos y deberes, tanto del individuo hacia lo común, como de lo común hacia el individuo.

Las estructuras políticas burguesas fosilistas unidas al liberalismo y el posmodernismo han incidido más en los derechos de los individuos que en sus deberes. Y de aquí deviene una sociedad individualista que no sabe cuidar lo público ni tiene conciencia sobre la importancia para la Democracia de la participación política general, como combustible de esa democracia. Los diferentes grupos humanos no se sienten como ciudadanos iguales.

En este modelo, el contrato social no se interioriza, y se convierte en argumentario interesado o se olvida ante la toma de decisiones políticas impuestas con autoritarismo. En una auténtica democracia este contrato social es esencial para asegurar las condiciones de vida saludables y el carácter democrático del sistema. Y es una oportunidad para la síntesis de las visiones liberal individualista y socialista colectivista, en tanto supone un derecho, al modo liberal, pero también un deber, al modo socialista. Y para sobrevivir, necesitamos ambas visiones.

Es importante conseguir la síntesis en corrientes sociales diferentes, porque eso enriquece las posibilidades de adaptación de la sociedad en estos tiempos de crisis. Aumenta la perpectiva, une a las personas y surgen grupos más amplios. Se valoran por igual las dos partes, aumenta el carácter democrático de ambas. Y fortalece la visión positiva de la sociedad sobre sí misma. La edad moderna y sus reyes absolutos puede denominarse la tesis, la edad contemporánea y su burguesía financiera, la antítesis. Ha llegado el momento de la síntesis. Y ese momento es la edad global, de la cual somos sus primeras actrices y actores. Una labor apasionante.

IMPERIO DE LOS TÍTULOS DE PROPIEDAD

Para terminar con esta lista de términos, hay uno que no es esencial para la política, pero si para la política dentro de la sociedad burguesa, hegemónica, en crisis, donde estamos incluíd@s tod@s. Me refiero al  término de Propiedad. Etimológicamente propiedad viene del latín y significa “la cualidad de ponerse a uno mismo primero”. Al respecto hay una dicotomía principal, aquellas ideologías e individuos que defienden esa capacidad de ponerse a uno primero como prioritaria, y otro tipo de ideologías que consideran que es la Humanidad quien pertenece a la naturaleza y no al contrario, de lo cual parte una concepción de la propiedad privada limitada por los límites naturales y por tanto, también los éticos. Porque la ética es el territorio natural, libre de tóxicos, del comportamiento humano.

De esa capacidad de ponerse a uno mismo primero es de donde surge el capitalismo burgués, forma de organización económica burguesa, en crisis por su carácter fosilista y consumista, que nos ha llevado a un tiempo histórico en el que los recursos se están agotando y envenenando hasta extremos que hacen peligrar la vida misma. Este capitalismo actual financiero es la máxima expresión del individualismo y se manifiesta a través de esa noción de la propiedad que hoy, para cualquiera, es sagrada. Pero la propiedad no es cosa de dioses, sino de humanos. Y nunca será más sagrada que el agua limpia. Cualquier ser humano podría vivir feliz sin ninguna propiedad. Pero ninguno aguantaría más de 15 días vivo sin agua potable.

Tomando en consideración estos términos, ahora mismo, y poniendo el foco en los gobiernos municipales, y en concreto en el de Iruña, nos encontramos con un gobierno municipal con una concepción política del poder y de la propiedad dogmatica, conservadora, individualista, que coloca a esa cualidad de ponerse por delante del resto, esa propiedad privada, como criterio principal de actuación. Con esta ideología el Gobierno Municipal se aprovecha de lo público según criterios privados, incide en el capitalismo fosilista en crisis por agotamiento y envenenamiento de los recursos porque su profundo dogmatismo y autoritarismo políticos les hace incapaces de realizar una adaptación racional al nuevo medio. Es un gobierno dominado por lobbys económicos y no por los intereses ciudadanos. Está perdiendo un tiempo precioso para la transición global y dilapidando recursos como dinero, suelo, o recursos naturales públicos con una visión cortoplacista muy irresponsable con las personas del futuro.

El anterior gobierno en coalición era más progresista y comunitario, pero también dogmático. Tenía una concepción de propiedad privada en el ejercicio del poder, tanto en la institución como en sus movimientos populares e individuos afines, y todas las partes de esa coalición y las de su base social pusieron en algún momento, por delante del gobierno común, los intereses de su partido, su colectivo o su persona. La consecuencia de esto fue la ruptura del acuerdo de gobierno. No salieron reelegidos y no pudieran incidir en una superación dentro del término municipal de Iruña de ese capitalismo fosilista en crisis. La Coalición no volvió a ganar las elecciones porque contenía dentro de sí una gran incoherencia insostenible para una estructura progresista y comunitaria: Albergar dogmatismo individualista, y además de manera inconsciente.

Y así nos encontramos en la situación actual en Iruña. Inmersas en una crisis sanitaria global que ha revolucionado en un solo día nuestras vidas. Con un equipo de gobierno anquilosado, que carece de una visión auténtica de la situación global de crisis sistémica ni de una visión a largo plazo de lo que debiera ser esta ciudad. Y aunque el Covid sea nuestra mayor actualidad, no deja de ser otro aspecto, y ni de lejos el más grave, de esa crisis. Y una amalgama de movimientos ciudadanos, estructuras locales y personas perdidas en la incertidumbre.

¿QUE SIGNIFICA ESTAR EN CRISIS?

Esta crisis sistémica es el resultado de formas de pensar y actuar sobre lo público y lo privado, durante 2 siglos. Así mismo es producto de los combustibles fósiles baratos que han permitido este hiperdesarrollo humano. También del modelo económico acumulativo. Los tres factores  han creado una  sociedad de consumo insostenible donde se sigue aceptando la desigualdad social como normal y la explotación indiscriminada de los recursos naturales como un derecho humano. Pertenecemos a una sociedad materialista cuyo valor supremo no tiene que ver con la ética, sino con los títulos de propiedad. El drama ahora es que somos muchísima gente y los recursos son cada vez más escasos  y caros. O actuamos con inteligencia y previsión, o las condiciones de vida del futuro próximo pueden llegar a ser dramáticas para muchísimas de nosotras.

Esta crisis es humana, en tanto somos las personas, quienes deciden la marcha común y quienes colaboramos con esas decisiones, las que alimentamos el modelo en crisis. A pesar de las evidencias medioambientales y vitales, no cuestionamos las estructuras de pensamiento adquiridas y renovadas que han construido desde la mente el producto social que es nuestra civilización fosilista. No somos felices ni libres, pero seguimos el curso de las cosas sin obligarnos a cambiar. Somos cómplices del sistema. Tejemos esa complicidad cada día con nuestros actos.  El modelo social consecuente de esas ideologías practicadas en lo común y lo privado no atiende los intereses comunes sino los privados de partidos, corporaciones, multinacionales… Y por eso, es una crisis política y social.

Al ser una sociedad de hegemonía burguesa, y al ser los valores económicos los más importantes para esta clase social, la crisis se expresa en su máxima crudeza en lo económico.  Nuestro modelo social, nuestras formas de vida, de calentarnos, comer, movernos… y el ritmo que llevan, dependen absolutamente de esos recursos que se están agotando. Una sociedad inteligente pararía y empezaría a racionalizar esos recursos que hoy se malgastan en consumos bobos, para poder llevar a cabo una transformación social que minimizara los daños irreversibles del festival consumista que hemos disfrutado, especialmente los últimos 50 años. Pero ese modelo consumista lleva inherente una idiocia general que impide ver la realidad, crear alternativa y estrategia. Somos idiotas, nos dejamos caer por una pendiente que termina en el mayor colapso humano que ha habido en nuestra historia, y lo hacemos sin ser conscientes de ello.

Y por encima de todas estas crisis, esta crisis es en su base una aterradora crisis ecológica como consecuencia del modelo social y en primera instancia como resultado de nuestros sistemas de pensamientos egocéntricos insalubres. El medio natural es, siempre lo ha sido y siempre lo será, la base material de la sociedad. Sin agua, aire y tierra limpios, nunca sobreviviríamos. Por ello hoy, cualquier cambio adaptado al momento histórico debe tomar como punto de partida, nos guste reconocerlo o no en nuestra idiocia generalizada y egocentrismo soberbio, la imperiosa necesidad de cuidar la Tierra, intentar revertir el cambio climático y paralizar las prácticas tóxicas de nuestros modos de vida.

En la era de la información es un problema alcanzar la verdad. Y con el tema de los desafíos ecológicos tenemos la mejor muestra. En 1972 el Club de Roma encargo un informe titulado Los Límites del Crecimiento. Este informe, un año antes de la primera crisis del petróleo ya concluía que con el ritmo de incremento de la población mundial, la industrialización, la contaminación, la producción de alimentos industrial y la explotación de los recursos naturales sin variar, se alcanzarían los límites absolutos de crecimiento en la Tierra en los próximos 100 años. Hace 50 años de esto y la inmensa mayoría de las estructuras políticas, económicas y de la población hace caso omiso a esta realidad que, cada día que pasa, se presenta más clara ante los ojos de cualquiera. Cualquier ciudadan@ de Iruña con 50 años, e incluso menos, tiene una perspectiva personal de cómo se ha reducido y transformado el régimen de lluvias en la ciudad, de cómo han aumentado las temperaturas. De seis años aquí, incluso nuevas especies animales invasoras muy destructivas han desembarcado entre nosotras, atacando a otras especies autóctonas y desequilibrando un ecosistema agotado. Son el siguiente indicador de que hemos desequilibrado aquello que nos da la vida.

ERASE UNA VEZ…

En 1900 en Pamplona vivían casi 30.000 personas, ahora somos 300.000. Este aumento en 100 años ha tenido unas consecuencias urbanísticas, de hábitos de vida, culturales, y por supuesto, ecológicas en el ecosistema de la Cuenca de Pamplona. Pero no pensamos mucho en ello porque no nos importa, porque pensamos que eso no tiene ninguna influencia en nuestra vida. Pero el lugar donde se asienta Iruña conforma un suelo y un relieve concreto, una red de agua y una atmósfera. Este medio para nosotras es imprescindibles para poder vivir aquí y nosotras a él le producimos una influencia arrolladora que lo ha trastocado y seguimos incidiendo en ello. No tenemos una visión consciente de la relación de  nuestra comunidad humana con ese ecosistema.

Creemos que nuestras emisiones al cielo no producen efectos sobre ese aire y que respirar ese aire sucio lleno de un vertido muy tóxico de partículas, no tiene consecuencias en la salud de la gente. Cuando era pequeña no era necesario medir la calidad del aire. En los últimos años nos han colocado medidores de toxicidad de algo que filtramos durante toda nuestra vida, y no nos paramos a pensar la tragedia que eso encierra. Con toda la industria y los coches privados emitimos una cantidad ingente de basura a la atmósfera que luego volvemos a aspirar. Sabemos que en los centros urbanos masificados, e Iruña ya lo es en parte, y contaminados, el Covid tiene efectos más peligrosos. Y sabemos que el Covid no es el último virus que puede amenazar nuestras vidas y cotidianeidad. Sin embargo, no parece que la Ciudadanía haya tomado conciencia sobre esto, y los viajes con combustible diarios no se han reducido, es más, han aumentado debido al miedo al contagio en el transporte público. Vivimos con una visión tan cortoplacista, que ni siquiera activamos la conciencia por nuestras criaturas.

Creemos que la Tierra nos pertenece, que está ahí para nuestros deseos privados. Esta es una lógica vital estúpida, pero muy arraigada entre todas nosotras. Incuestionada.

Las montañas que rodean la Cuenca han servido de obstáculo a las nubes que vienen húmedas desde el Cantábrico, y estas han vertido sus precipitaciones en la llanura interior desde siempre. Como el casco histórico de Iruña está en una terraza fluvial más elevada, por el principio de Arquímedes, nuestra

d era famosa por sus pozos. Esos pozos traían agua hasta las casas, sin necesidad de combustible fósil que mueve la que hoy disfrutamos. Era un agua “SOBERANA”. Esta red hidrográfica subterránea fue creada por miles de años de régimen pluvial, naturaleza de las rocas y los suelos y erosión del agua, pero nosotras la hemos destrozado y contaminado en gran parte en menos de 100 años, sin siquiera ser conscientes del atentado ecológico que eso supone, para hacer casas. Los intereses que han movido esa construcción no eran tanto los de la gente que ha acabado viviendo en ellas, como los de quienes construyen casas o acumulan actividad industrial y población en lugares donde les ha interesado. Esta red debiera haber supuesto un límite al crecimiento urbano, debiera haber sido protegida en la medida de lo posible. Pero los criterios generales del crecimiento ilimitado la han esquilmado, disminuyendo la seguridad y salubridad de nuestro medio, esa Cuenca de Pamplona. Hoy, Iruña, es un lugar más inseguro para la vida que en 1960: Llueve menos y hay menos agua potable libre. Quizás este indicador no sea importante para la cultura económica burguesa, pero es el indicador esencial para que exista la Vida en este planeta.

Esos 300000 habitantes que somos, inmersos en su gran mayoría en la sociedad de consumo fosilista, generamos 20 millones de kg de basura al año. Sin embargo, muchísima gente y muchísimas prácticas no realizan un vertido responsable del residuo. Tampoco cuestionamos nuestro consumo, origen de nuestra basura. La inmensa mayoría de los y las fumadoras vierten indiscriminadamente uno de los vertidos más tóxicos de nuestra sociedad, la colilla. Y el Ayuntamiento de Pamplona todavía no ha realizado una campaña con este tema.

Como resultado de esa masificación humana, esos usos de los recursos sin un marco ecológico, esos vertidos inconscientes descontrolados, tenemos una ciudad que cada día está más seca, más caliente y más sucia. Si los servicios públicos de limpieza, por muchas causas posibles, dejaran de recoger el residuo de nuestra cultura del usar y tirar, en una sola semana tendríamos un gravísimo problema de salud. Ese problema se traslada a los vertederos, que como no vemos, creemos hacen desaparecer el problema de nuestros usos, pero solo lo trasladan. Un recuerdo para Joaquin y Alberto. Que sirvan sus muertes para despertar nuestras conciencias sobre la basura.

En nuestro sentido de la propiedad sobre la cuenca de Pamplona, podemos creer que nuestros empleos o nuestros hábitos son más importantes que nuestro aire o agua. Y por eso, no cambiamos de vida. Pero cuando nosotros nos jubilemos o muramos, nuestro trabajo y vidas desaparecerán con nosotras, y nuestras hijas y nietas deberán enfrentar los efectos ecológicos que esa prepotencia e inconsciencia humana provocan en los que si son recursos imprescindibles para la vida.

Hoy en día, cualquier propuesta política progresista, comunitaria, liberadora, que quiera proteger los intereses comunes ciudadanos, debe poner el vector de la ecología como eje principal de análisis, reflexión, toma de decisiones y actuación. Este enfoque y toma de responsabilidad es el único medio de asegurar el éxito de esa propuesta, porque es el vector de adaptación a las nuevas condiciones impuestas por la crisis. Y es la única manera de asegurar la vida futura.

SIN MIEDO A LA REVOLUCIÒN

Teniendo esto en cuenta, necesitamos una revolución de pensamiento, una revolución de la forma en que vivimos, individual y socialmente, una revolución de cómo organizamos lo público. También por supuesto, una revolución económica radical, y una revolución en nuestra manera de relacionarnos con el medio que necesitamos para vivir y al cual pertenecemos. Y una revolución en nuestros comportamientos para aumentar nuestra capacidad de trabajar en equipo. Esta revolución es todavía más compleja en tanto es necesaria a nivel personal, local, estatal como global. Necesitamos energía para llevarla a cabo, pero la inmensidad y gravedad del problema nos deprime y nos deja sin energía. Creemos que no podemos hacer nada. Y este es el argumento interior por el que muchísima gente vive desactivada de la responsabilidad histórica de iniciar el cambio hacia otro sistema que mantenga lo bueno de este y supere sus gravísimos errores.

¿QUE PODEMOS HACER POR NOSOTR@S?

 

Si volvemos a la definición de poder, la CAPACIDAD DE HACER COSAS, resulta que encontramos  el camino político más nutritivo en pos de esas transformaciones:

¿Dónde tiene la ciudadanía de Iruña más poder, más capacidad de hacer cosas, en el plano global, en el estatal, en el local o en el personal? Por supuesto, primero, en lo personal, y después, en el plano local. No hay otra y es una responsabilidad que podemos enfrentar desde ahora mismo. Así pues, para alguien de esta ciudad con preocupación por la crisis sistémica y la necesaria transformación de modelo, los territorios  en los que más poder tiene, son su vida, y la vida de su ciudad. Y si realmente estamos interesadas en empujar nuestra sociedad en la superación de esta crisis, debiéramos enfocar nuestros esfuerzos en ambos planos. Y no somos conscientes de lo sencillo, comparado con el planeta, que sería transformar esta ciudad radicalmente, en la dirección correcta, la que asegura la vida de toda la gente, por encima de ideologías o clases sociales. Es necesario actuar desde la mente, pasando por el día a día personal, hasta llegar al ámbito urbano.

En el plano individual, si queremos realmente superar este estado de las cosas, debiéramos empezar por cuidarnos. Que comemos, como dormimos, como defecamos, como nos movemos, nuestras relaciones, los trabajos, los empleos!. Y esforzarnos en hacer con esto algo más saludable. Comer mejor, hacer lo necesario para disfrutar de un descanso reparador, cuidar nuestro interior, desde la emoción hasta la fisiología, cuestionar profundamente el coche privado y cambiar su uso haciéndolo racional. Cuidar el hogar. Hacer ejercicio. Hacer reseteos de conciencia a diario. Repensar nuestros consumos. Gestionar nuestra basura!! En cuanto al empleo, lo que necesitamos es cooperación y sostenibilidad. Un mundo nuevo espera ahí fuera para quien se atreva a imaginarlo y ponerlo en práctica.

Ser personas, antes que robots.

Para ello es importante hacer esfuerzos por identificar y superar nuestros sistemas de pensamiento, los tóxicos y los dogmáticos, nuestros conservadurismos, para poder superar a su vez nuestras actitudes individualistas, insalubres y contaminadoras. Nuestra sociedad necesita un proceso de curación a nivel mental, es importante hacerlo cada cual consigo misma.

Debiéramos formarnos como ciudadanía que coloca el debate y el consenso en primer lugar para ejercer política, debiéramos ser capaces de cambiar las formas de vida individualistas y contaminantes que apoyan el actual modelo consumista en crisis, de salir a la calle a trabajar codo con codo para limpiar y hacer sostenible el común, y capaces de hacer avanzar la ciudad hacia otros escenarios seguros para la vida. Y sobre todo, debierámos darnos cuenta que cualquier persona de este mundo, hoy, tiene el mismo problema. Y que superarlo exige un esfuerzo en cooperacion.

Suponemos, porque así nos lo han hecho creer los sistemas de pensamiento político adquiridos, que esta transformación individual se da por hecha si perteneces a una clase social u a otra o si defiendes una ideología u otra. Pero la transformación individual no depende de clase ni ideologías, sino de hábitos de vida. ¿Tenemos identificados cuales son esos hábitos? La lista es muy larga y sus implicaciones muy profundas, por ejemplo, la naturaleza de nuestros empleos. Es profundamente incoherente exhibir ideologías de extrema izquierda mientras llevas toda la vida trabajando en una multinacional de la automoción. Este tipo de ciudadanía no puede abandonar su puesto de trabajo, puesto que vive de ello, pero es su responsabilidad llevar a cabo una profunda revisión de sus sistemas de pensamiento para hacer consciente que quizás su ideología, y por tanto su vida, no son tan radicales de izquierdas como ha pensado hasta ahora. Esto ya es una revolución que puede predisponer para una forma de entender la vida menos dogmática y más generosa con las incoherencias de otros individuos, por ejemplo. Y esto es muy importante en la revolución política progresista que necesitamos.

En relación a esto hay un aspecto crucial de carácter sindical, y es el sistema de trabajo por turnos. Este tipo de organización laboral está definida por la misma UGT como un riesgo laboral en tanto afecta al sueño, los ritmos biológicos, la digestión, provoca enfermedades cardiovasculares, altera las relaciones sociales y promueve las adicciones varias. Todo esto debiera ser suficiente para una lucha sindical por la recuperación del turno único de mañana, más adaptado a nuestra biología y sociabilidad. Pero además, estos turnos son el principal hándicap para que miles de habitantes de Iruña abandonen el uso insostenible de su coche privado en los desplazamientos al trabajo. E aquí un posible objetivo sindical de nuevo cuño, ecológico y que pone la salud como primer criterio y no el sueldo, que ningún sindicato hace suyo porque tampoco son conscientes del tiempos histórico y sus vectores de lucha.

O tampoco podemos pretender una soberanía personal y dejar nuestra salud en manos de las grandes corporaciones farmaceúticas. La medicina acompaña, pero el primer responsable de su cuerpo es la mente que lo habita y que discierne, en primer término, que es lo saludable y que es enfermedad. Y esta actitud alimenta tanto la libertad personal, ya que la salud es cosa mía, como el deber ciudadano, yo debo cuidarme a mí y así colaborar con la salud general. La salud propia cuesta un esfuerzo. El capitalismo fosilista genera mucha apatía

 

¿QUE PODEMOS HACER POR LA CIUDAD?

Pero hablando de ciudad y de participación política, hay tres aspectos principales a revisar y que permiten una transformación radical desde hoy mismo: Que consumimos. Como nos movemos. Que basura generamos.

En el sistema capitalista hay una libertad fundamental, que únicamente depende de la cantidad de dinero que dispones, y es la elección de compra. Cada cual elige que compra, desde la madre precaria que prefiere un precocinado a unas lentejas caseras, con el mismo precio pero menos o más gasto del tiempo personal en su preparación, hasta la funcionaria que acude a todas las movilizaciones de carácter político progresista y así mismo va de compras todas las semanas y cada año debe deshacerse de un montón de ropa que nunca uso pero ya paso de moda, mientras alimenta una de las industrias más esclavistas y contaminantes del mundo, la de la moda. Todas, especialmente la gente con más recursos, debiéramos hacer conscientes nuestros hábitos de compra.

Es complicado pedir a alguien que cambie de empleo o de escuela de sus hijos, pero si debiéramos incluir, en ese contrato social, como un deber ciudadano, elegir la manera más saludable de acudir a centros de trabajo, escuelas u otros lugares a los que vamos todos los días por un motivo u otro,  de no generar mucho residuo y el que se genere, gestionarlo óptimamente. La sociedad necesita que colaboremos desde casa con esa revolución ecológica para superar la grave crisis medioambiental que sufrimos. Y esto, es participación ciudadana, y la base de una Democracia.

Pero siguiendo con el tema, ademas de esa revisión y revolución personal, debiéramos transformar la ciudad.

A pesar de que los grandes retos que se expresan en la ciudad son globales, y por eso, ni los ricos de Carlos III escapan de ellos, ese trabajo codo con codo no es posible muchas veces ni entre personas de los mismos barrios. El trasfondo de esta imposibilidad tiene un doble origen, el carácter individualista y dogmático construido dentro de este modelo civilizatorio, y la falta de proyectos políticos ciudadanos que aglutinen, en base a intereses comunes, gentes de diferentes extracciones y aspiraciones sociales. Pero ¿cómo superar este individualismo y estas ideologías para empujar una ciudad, sostenible y adaptada al nuevo tiempo histórico? Desde luego, ningún partido político puede hacerlo, en tanto su esencia es ideológica, individualista y su acción actual dogmática. Sin un ejercicio profundo de consenso con otras ideologías y otros individuos fuera de la estructura, imposible. Porque el tiempo histórico exige unirnos más allá de lo que pensamos: Exige unirnos por la supervivencia.  Por tanto, el futuro de la transformación política no pasa por los partidos.

La fórmula debe superar la ideología, el dogma, el individualismo y el caos ecológico. Debe construirse desde el consenso, implicar desde lo individual y lo colectivo. Y debe ser eficaz e ilusionante. Y por supuesto, radicalmente diferente.

LA REVOLUCIÓN VIVE EN LAS ESCUELAS

Esa forma bien podríamos encontrarla en las escuelas de primaria, en la metodología por proyectos. Si sirve para enseñar a niñ@s mientras hacen, debe servir para educar a adultos que van transformando su ciudad. Porque lo que necesita la ciudad es un PROYECTO DE CIUDAD DE FUTURO, no según la ideología de un grupo social, si no en base a la supervivencia y la sostenibilidad. Y hay mucha gente en Iruña que queremos colaborar, más allá de los partidos, para lograr esa ciudad. Este es el salto evolutivo político que puede suponer la adaptación y la salvación.

Hasta ahora hay, por un partido, un proyecto que nunca se presenta muy científico ni consensuado, y cuando ese proyecto escuálido llega a la Administración de la ciudad, se ve sujeto a lo cotidiano y la problemática. No tiene una visión integral. No atiende en primer lugar las necesidades e intereses de la gente.

Lo revolucionario ahora sería crear un proyecto consensuado por cuantos más partidos y personas mejor en base a los retos ecológicos globales expresados aquí, en base a un contrato social de esos partidos y personas con ese proyecto, y no de proyectos impuestos a posteriori por un solo partido, una sola ideología o unas personas determinadas. Es decir, proyecto negociado vs proyecto impuesto.

Proyecto en latín significa “Lanzamiento hacia el futuro”. Existe una modalidad de enseñanza muy valorada por sus resultados en nuestros centros educativos que se denomina Aprendizaje basado en Proyectos, o ABP. Este método se centra en tareas, en un proceso compartido negociado entre los participantes, con un objetivos principal: La obtención de un resultado final. Este método necesita un plan de trabajo definido en objetivos y procedimientos, promueve el compromiso individual con el proceso común, permite descubrir las preferencias personales, fuente de energía para cualquier proyecto. Y además de conocimiento, permite la adquisición de capacidades y habilidades personales, resultando a la larga un aprendizaje desde el alumno, evitando un papel pasivo en su formación, transformándolos en personas más capacitadas para el pensamiento crítico-científico y las actitudes democráticas.

El método del ABP consiste en la realización de un proyecto que debe ser analizado previamente por el facilitador del proceso, en el caso de las escuelas, el profesorado. Este análisis permite definir el proyecto, asegurando los recursos y delimitando las destrezas necesarias para llevarlo a cabo. El proyecto comienza con una pregunta generadora que no puede responderse sin un ejercicio de pensamiento crítico para su resolución, es decir, un ejercicio por el cual se juzguen las alternativas, se busquen los caminos más eficientes para realizar esa tarea, se sopesen las evidencias, se revisen las ideas, se elaboren los planes, se genere un discurso sobre el proyecto.

Llevando el ABP a la política municipal, debiera realizarse un análisis previo por facilitadores del proceso, que en el caso público, a mi parecer, debiera ser gente de la ciencia con conciencia social y colectivos ciudadanos sectoriales, así como la Ciudadanía, puesto que siempre, la Vecindad es quien realmente vive la ciudad, y está en su derecho decidir sobre ella, y además, es experta en vivirla. Porque antes de definir el proyecto político que pueda ser consensuado, debiéramos tener una imagen clara del momento histórico que vivimos, que no tiene mucho que ver con lo que expresan los medios y lo que queremos creer o nos resulta más cómodo. Esta imagen previa de donde nos encontramos debiera ser valorada por la ciudad con la misma legitimidad que una alumna de primaria otorga a su profesorado en el desarrollo de esta metodología. Porque además, paralelo al cambio de paradigma material, tiene que haber un cambio de paradigma humano, y eso supone un proceso pedagógico en el que dejarse enseñar.

A partir de esa imagen legitimada en tanto no pertenecería a posturas ideológicas sino científicas y en tanto nacería socializada de la manera más objetiva posible, debiéramos ser capaces de hacer la pregunta del millón: Teniendo en cuenta con que contamos ahora, ¿Qué Iruña queremos para el futuro? Y se le puede poner fecha, por ejemplo, 2050.

A partir de aquí debiéramos ser capaces, cuanta más gente mejor y cuantos más partidos e ideologías mejor, de debatir, sin dogmatismos de ninguna naturaleza, las alternativas posibles, juzgando cuales son las más convenientes para la ciudad en su conjunto, y no solo para algún grupo de esa ciudad. También debieran discutirse los caminos más eficientes para realizar esa alternativa consensuada, sopesar todas las evidencias, revisar todas las ideas, llegando a ser capaces de elaborar los planes más adecuados que, gracias a la propia metodología del proceso, serían los más apoyados. Con una idea central que sujetara el debate:

TRABAJAMOS HOY POR LA SUPERVIVENCIA DEL

MAÑANA

En la consecución de un proyecto consensuado entre partidos y movimientos políticos diferenciados, sería muy importante, como ejercicio que previene el dogma, diferenciar los intereses comunes ciudadanos de los sectoriales de esos grupos que se unen para ese proyecto. Porque esta diferencia, si no se hace consciente, puede generar conflictos. En una ciudad saludable, cada interés ciudadano sectorial debiera tener cabida. Pero en el camino hacia esa Salud Común, los colectivos debieran ser capaces de reservar sus propios intereses sectoriales para su lucha colectiva propia. En una ciudad bipolar como Iruña esto es decisivo, porque mientras intentamos salvar la lluvia, puede que nos enfademos por escuelas infantiles en euskera o procesiones de Semana Santa.

Todo esto mientras se genera un discurso que, para llegar a cuanta más ciudadanía mejor, ya que todas somos parte del problema y la solución, debiera ser capaz de superar también los dogmatismos e individualismos de toda clase.

TODAS RESPIRAMOS EL MISMO AIRE

Este proyecto debiera convertirse en una alternativa electoral, en la que no se presenta un partido o un grupo de personas ni una ideología ni un proyecto sectario, sino que se presenta un proyecto consensuado de una visión de la ciudad del futuro en base a un análisis científico del presente. Proyecto que se habría definido por mucha gente que debiera hacerlo suyo, colaborando en su logro desde el plano individual y el de la participación política. Con este proyecto en la administración, debiera ser  llevado a cabo por personas que serían elegidas según la naturaleza y necesidades de ese proyecto, y no de su afiliación política, ni de sus lobbys. Personas que serían elegidas no por antigüedad en el partido o por tirón mediático o por poder dentro del partido, sino por sus capacidades de gestión sobre el proyecto que debieran llevar a cabo. En la política no debiera haber vedettes, sino gestores.  Ni que decir que esa labor pública debiera estar recogida en el proyecto en unas tareas continuas de evaluación de los resultados, pudiendo ser suspendidos de sus cargos si no cumplían las necesidades del proyecto.

En este proyecto político y como forma de prevenir tendencias políticas autoritarias, el papel de los barrios sería crucial. Porque esa es la mínima unidad de ordenamiento urbano, y desde ahí debía empezar la organización de esa participación en la ciudad y la transformación hacia ese otro modelo urbano. Por ejemplo, cada barrio debiera ser capaz de diseñar su propio plan de movilidad, de recogida de basuras, cada habitante de esos barrios debiera tomar la responsabilidad para comprar en su barrio, llevar a sus criaturas a la escuela en su barrio. Y de no ensuciarlo. Y los colegios concertados de extrarradio y del centro, debieran hacer una apuesta firme por transformar las formas de movilidad de su alumnado.

La revolución política esencial que necesitamos es el salto de conciencia de lo político como algo ideológico a otra concepción procesal basada en las realidades mediombientales urbanas y las relacionadas con la salud humana. Es decir, no buscar una ciudad en la que todo el mundo vaya a misa o a un gaztetxe, sino otra en la que el aire esté limpio, y el agua y la comida sean soberanas, con todo lo que ello conlleva detrás.

La política que no atienda esto, fracasará.

Un proyecto que puede atender al máximo estas necesidades y deseos, que defienda los derechos que del proyecto emana, y haga conscientes los deberes que exige para su concreción en el futuro.

¿QUIEN EMPIEZA?

Las personas y estructuras que ya disponen de recursos al respecto y que deben tomar responsabilidad y establecer las condiciones para que empiece ese debate público sobre el proyecto de futuro. Partidos, asociaciones, líderes, universidades, medios, debieran unirse para permitir que la ciudadanía pueda realizar en su conjunto, un proyecto sobre esta ciudad. Debieran mostrar un consenso que ya existe en la calle y al que deben entregarse.

Queremos un futuro seguro y saludable para nuestras criaturas, desde la Rotxa hasta Soto. Y nuestros recursos de conocimiento y decisión deben trabajar por ello.  Pero esto es algo muy complicado, porque estas estructuras tienen muchos compromisos con intereses que no son los públicos.

El momento histórico de crisis exige una transformación profunda de todo, especialmente de lo que ha sido tan poderoso como los partidos políticos. Para los partidos sería una absoluta pérdida de poder. Pero el resto, aumentaríamos nuestra capacidad de hacer. Hoy los partidos de tipo burgués creen que el poder les pertenece en propiedad privada.

Los políticos profesionales debieran ser capaces de ver que en un proyecto así caben gestores de la empresa, universitarios del extranjero, padres de familia cristianos, gente que se siente española o vasca. Pero que la tarea debe ser la que interese a la salud de tod@s, y no a sus intereses financieros privados.

La gente de empresa debiera ver de una vez que el mayor nicho económico que existe es la transición hacia la sostenibilidad. Que eso supone también una revolución para sus esquemas de cómo entienden la economía.

Ecología y Economía tienen la misma raíz griega, Eco, que significa Casa. La Ecología es la ley de la casa, y es una ley natural que no puede evitarse. La Economía es la norma de la casa, sirve para organizar la casa, y su naturaleza es mutable en tanto va adaptándose con el tiempo a las nuevas necesidades de la casa. Esto debiera convertirse en axioma social.

La jerarquía católica, su universidad y los colegios concertados católicos junto con medios y asociaciones, gran lobby de esta ciudad obispal desde hace 1000 años, debiera ser interpelada por sus fieles preocupados por la seguridad vital de sus criaturas, que no deviene de cuerpos policiales y contratos de trabajo, sino de un medio natural que la sustenta. Esos fieles debieran actualizar que el Planeta es Dios en la Tierra. Ambos debieran actualizar el testimonio de Jesús de Nazaret si es que quieren ser apóstoles, y no únicamente gestores inmobiliarios, vedettes del régimen, soldados de posverdad o indolentes abuelos. Pero así mismo la ciudad debe conocer que el OPUS ha logrado con el campus de la UN quizás el lugar integralmente más limpio de la ciudad y con una vía ciclable de calidad, porque el esfuerzo debiera ir en conseguir que en todos los barrios el nivel de limpieza y la estructura de movilidad tuvieran esa calidad y ese compromiso de los y las usuarias.

Los medios también podrían actualizarse y adaptarse. En esta ciudad del futuro, la comunicación interna entre personas, servicios, barrios, noticias, conocimiento, debate, iba cobrar una gran importancia, con un aumento de las necesidades digitales y de mediación. Muchos profesionales podrían abandonar la información como se conoce hasta ahora para construir un ágora virtual de barrio y/o ciudadano.

Si es un proyecto saludable, todas cabemos en el. Si no cabemos, expresa una enfermedad social, y lo que buscaría ese proyecto sería la salud de Iruña y de su gente, y por tanto trabajar por incluir todos los intereses y las necesidades.

“Respetar sobre todo al capaz de hacer cosas sutiles para los demás, ese es nuestro héroe” Escohotado.

+ x La Chula Potra:

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