Argumentario sobre la Cumbre de la OTAN en Madrid del 29 y 30 de junio

Por  Rebelión o Extinción

(Euskara) (ENGLISH)

Tienes delante un documento elaborado por personas que formamos parte de distintos nodos de XR con el objetivo de que las personas del movimiento y ajenas a él conozcan la OTAN y los motivos por los que, como movimiento por la justicia climática, debemos movilizarnos.

En este texto, recopilamos lo que hemos considerado que son las principales cuestiones sobre la OTAN, su Cumbre en Madrid (que tendrá lugar los días 29 y 30 de junio), pero también sobre los ejércitos de los Estados de la Unión Europea en general, así como algunos conceptos como la seguridad.

1.- ¿Qué es la OTAN? Breve recorrido histórico.

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (en inglés, North Atlantic Treaty Organization, NATO), también conocida como Alianza Atlántica, es la alianza militar (1) creada en 1949 con la firma del Tratado de Washington para contener la expansión del comunismo y combatir a la Unión Soviética.

Actualmente, la OTAN la conforman 30 países. Los 12 países signatarios del Tratado de Washington: Estados Unidos, Canadá, Bélgica, Dinamarca, Francia, Holanda, Islandia, Italia, Luxemburgo, Noruega, Reino Unido y Portugal. Además de Grecia y Turquía; la República Federal de Alemania se incorporó en 1955; España en 1986; Hungría, Polonia y la República Checa, Rumania, Bulgaria, Eslovenia, Eslovaquia, Estonia, Letonia, Lituania, Albania y Croacia, Montenegro y el último país en entrar fue Macedonia, en 2020.

Nacida en los primeros años de la Guerra Fría, los 12 primeros países firmantes se comprometían en su artículo 5 a la defensa mutua en caso de que cualquiera de sus miembros fuese atacado por una potencia externa. Desde entonces, este principio ha sido invocado tan solo una vez en la historia de la organización, y fue a raíz de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.

En el plano internacional, la OTAN ha sido una de las estructuras fundamentales de la hegemonía estadounidense responsable de una forma de desarrollo basada en las dinámicas de expropiación y sobreexplotación de los recursos naturales del planeta y concretamente del Sur Global.

Su historia distingue dos grandes fases:
• Una fase anterior a la caída de la Unión Soviética (1949-1990).
• Una fase posterior que tiene un punto de inflexión interno en los atentados del 11S (1990-2022).

Durante la Guerra Fría (1949-1991), la OTAN lleva a cabo múltiples operaciones militares, tanto oficiales y públicas como extraoficiales y encubiertas, orientadas a contener la expansión política y cultural del comunismo. Su objetivo oficial era proteger a los aliados de posibles ataques de la URSS. Su objetivo extraoficial, generar redes de grupos armados con los que operar secretamente. La llamada «guerra sucia» y las «operaciones encubiertas» dan forma al terrorismo de estado dirigido y coordinado por la CIA y el MI6 (servicios de inteligencia).

Para llevar a cabo estas operaciones, se crearon las llamadas redes Stay Behind: grupos armados que debían activarse en caso de ocupación enemiga, o en caso de que los grupos socialistas o comunistas de los países aliados comenzasen a ganar fuerza en sus territorios. En Europa, estas redes quedaron ligadas al nombre de Operación Gladio (2), aunque de forma específica refiere al conjunto de estas operaciones en Italia. Las operaciones del Gladio en Italia, Francia, Bélgica, Dinamarca, Grecia fueron recogidas por el investigador sueco Daniele Ganser en su libro «Los ejérctios secretos de la OTAN: La operación Gladio y el terrorismo en Europa occidental» (2010).

Al acabar la Guerra Fría en 1989, la misión para la que fue creada la OTAN (proteger a los Estados Miembros frente a la URSS) parecía estar cumplida. Sin embargo, los miembros de la OTAN mantuvieron la alianza occidental, y eso justificó la búsqueda de un nuevo papel para la OTAN, algo que forzó la primera redefinición de la alianza (3).

La OTAN podría haberse disuelto en este momento, pero se amplió incorporando en 1999 a Polonia, Rumania y otros países, a pesar de que la OTAN había prometido a Gorbachov y a Yeltsin que nunca aceptaría como miembros a los países del antiguo Pacto de Varsovia, algo que desde entonces ha lastrado la relación entre Rusia y la Unión Europea.

Los objetivos estratégicos de la alianza fueron abandonando su orientación pública ofensiva y pasaron a incorporar objetivos como la protección de los recursos energéticos estratégicos, la defensa de las fronteras territoriales e incluso los «derechos de la alianza» para realizar formas de «guerra preventiva» como las que hemos mencionado. Para ello, el tratado de la Cumbre de Washington de la OTAN de 1999 marca un punto de inflexión decisivo. Además de la expansión de la OTAN hacia el Este, en contra de lo acordado con Rusia; se entiende que está legitimada para intervenir en aquellos conflictos cercanos a sus fronteras, aunque no sean los estipulados en el artículo 5.

El mismo tratado se opone a que la ONU posea el monopolio sobre el recurso de la fuerza de las Naciones Unidas, declarando su voluntad unilateral de hacer uso de la fuerza. Esto abrió la puerta a que todavía hoy la OTAN incumpla sistemáticamente los mandatos de la ONU y hagan de esta organización supranacional icono de la impotencia política de los siglos XX y XXI.

En 1999 la OTAN bombardeó Kosovo sin mandato del Consejo de Seguridad de la ONU, lo que constituyó una guerra de agresión ilegal que le costó la vida a una cifra de civiles que oscila entre los 1.500 (cifra de la OTAN) y los 5.700 (cifra de la República Federal de Yugoslavia). Estos bombardeos llegaron a emplear bombas de racimo, armas señaladas por sus efectos de destrucción inespecífica. Entre los muertos de estos bombarderos, destaca el bombardeo de la embajada china en Belgrado (7 de mayo de 1999) y el bombardeo contra un convoy de refugiados albaneses cerca de Gjakova (14 de abril de 1999) en el que murieron cerca de 70 personas (16 de ellas eran niños).

Después del 11 de septiembre de 2001, la OTAN recurrió a su artículo 5 y declaró que no sólo Estados Unidos sino todos los países de la OTAN estaban en guerra, y atacó Afganistán en octubre de 2001, en lo que podemos denominar su «segunda refundación» por la que la OTAN justificaba sus intervenciones bajo el paraguas de la lucha antiterrorista. En este momento, la OTAN ya se ha convertido en un instrumento militar para asegurar las fuentes de energía, los oleoductos y controlar las rutas de tránsito de los hidrocarburos en el Golfo de Aden, tal y como explica Greenpeace en su informe sobre «Misiones militares para proteger los intereses de la industria del petróleo y el gas» (4).

10 años después, la ocupación de Afganistán por parte de Estados Unidos y la OTAN (incluida España) destruyó infraestructuras e instuticiones que, lejos de haber favorecido el florecimiento de la libertad y la democracia en sus territorios, no ha hecho más que cronificar la violencia y la miseria. Esta operación militar lanzada hace 20 años concluyó con la victoria de los talibanes y con la muerte de más de 10.000 víctimas civiles afganas (5). Sin embargo, todavía hoy nos dicen que la intervención de la OTAN y su participación en la guerra es una garantía de «seguridad».

2.- Qué viene a hacer la OTAN a Madrid: la tercera refundación.

En el contexto de la guerra entre Rusia y Ucrania, la OTAN cuenta con una ventaja decisiva para legitimar tanto su razón de existir como su capacidad de intervención: la invasión de Ucrania por parte de Vladimir Putin y la muerte de civiles ucranianos. En este sentido, la OTAN se presenta como una garantía de seguridad para sus aliados y como un guardián de los derechos humanos frente a una posible escalada de las operaciones militares rusas. Sin embargo, toda la historia de la OTAN desmiente que sus intervenciones reviertan en un aumento de la paz, la seguridad o la democracia. Pero si no es a defender la paz, garantizar la seguridad ni fortalecer la democracia: ¿a qué viene la OTAN a Madrid?

En la Cumbre de la OTAN que tendrá lugar en Madrid los días 29 y 30 de junio, la agenda girará entorno a tres cuestiones: el aumento de gasto militar, una nueva narrativa que justifique su ampliación y la preparación de los Estados para la crisis ecosocial y el rol que jugaran los ejércitos de los Estados miembro de la OTAN en ella.

En primer lugar, se plantea el aumento del gasto militar anual de todos los Estados Miembro a un 2% del PIB, una exigencia que Trump puso encima de la mesa (6), que Biden ha hecho suya y que el resto de Estados están dispuestos a acatar (7). Los gastos que conlleva la participación de España en la OTAN y la organización de la cumbre en Madrid son abrumadores. Para cumplir con la inversión del 2% del PIB que exige la OTAN, España tendría que duplicar su gasto en defensa (8), o dicho de otro modo, la cantidad equivalente a todo lo que las administraciones públicas dedicaron a la protección medioambiental en 2020. Representa, a su vez, el doble de lo que se invertió en vivienda y servicios comunitarios. Esta será el despliegue de seguridad más caro que tuvo lugar en España en los últimos 30 años (8) y su coste se estima en 2,18 millones de euros (9).

En segundo lugar, la OTAN planteará una nueva narrativa por la que se autoproclama garante mundial de la democracia y declara una lucha abierta contra los «Estados autoritarios» tal y como están ya señalando sus propios informes, como el del Instituto Español de Estudios Estratégicos El futuro de la OTAN tras la cumbre de Madrid 2022: (10) «La OTAN existe para proteger a nuestros pueblos y nuestros valores: la libertad, la democracia y el Estado de derecho» y dada la «la necesidad de hacer frente al avance ruso y chino en América Latina y África».

Por último, los países de la OTAN reconocen desde hace años la crisis climática y la necesidad de prepararse frente a ella. Prueba de ello es el «Plan de acción para la seguridad y el cambio climático» publicado en 2021 que apunta que «El cambio climático es uno de los retos que definen nuestro tiempo. Es un multiplicador de amenazas que afecta a la seguridad de los aliados» (11), de aquí se siguen un conjunto de estrategias para asegurar recursos y operaciones adaptativas para hacer frente a los impactos de la crisis climática, además de declaraciones vagas sobre la hipotética necesidad de abordar la reducción de emisiones militares (12), que nada tienen que ver con la preocupación de la reducción de las mismas, como veremos más adelante.

Además, en el informe del Instituto Español de Estudios Estratégicos citado anteriormente se reconoce que «los efectos del cambio climático configuran nuestro entorno geopolítico y pueden afectar al comportamiento de los Estados» y apunta hacia algunas de las cuestiones concretas que tratar en Madrid: «La OTAN también abordará la necesidad de adaptar sus capacidades al cambio climático de forma más relevante en sus adquisiciones y en su asociación con la industria».

Frente a estos objetivos, debemos tener en cuenta que las democracias del Norte Global ni siquiera respetan los acuerdos que ellas mismas han suscrito, como el Acuerdo Climático de París. Son democracias cortoplacistas que solo responden al incentivo de las elecciones y, por tanto, incapaces de afrontar la crisis climática al ritmo que necesitamos y así lo han demostrado. Las mismas democracias son responsables de la extracción violenta de recursos energéticos del Sur Global y de aprobar leyes represivas como la que Boris Johnson aprobó para reprimir a Extinction Rebellion en el Reino Unido (13) o leyes contra la libertad de expresión como la Ley Mordaza.

Los principales mandatarios de los países industrializados vienen a Madrid a asegurarse de que, a pesar de los retos que saben que supone la crisis climática, se mantiene el status quo en el interior de un planeta degradado. Sin embargo, no podemos dejar de recalcar que tanto el colonialismo como el despilfarro de recursos materiales que supone el aumento de gasto militar aceleran la crisis climática y ecosocial. En el marco de las desigualdades planetarias, el extractivismo convive con la militarización de la política de fronteras: primero, Europa y Estados Unidos esquilman los territorios del Sur Global, forzando a las personas a salir de sus territorios para luego bloquearles el paso con muros, armas y concertinas.

Al igual que en el periodo post Guerra Fría el que la OTAN hizo girar su actividad en torno a las fuentes de energía, ahora se plantea un objetivo similar, pero con una leve variación: apropiarse de las últimas fuentes de petróleo y de gas, así como de los recursos minerales estratégicos necesarios en una era de escasez energética y material. Para ello, la tercera refundación de la OTAN significa la perpetuación del colonialismo y la guerra como estrategia para adaptarse a los impactos de la crisis ecosocial. Durante siglos, el extractivismo, el colonialismo y el militarismo han provocado daños inaceptables en el Sur Global que no se han reparado. No vamos a ser cómplices con ningún intento de perpetuar este sistema racista y ecocida.

3. Por qué nos movilizamos.

3.1. Las guerras son incompatibles con la justicia climática.

Según un informe de Greenpeace (7), en los últimos 50 años, al menos una de cada cuatro guerras entre estados ha estado relacionada con el pétroleo. Misiones y operaciones de la OTAN en Irak, Siria o Sea Guardian en el Mediterráneo oriental, tienen como objetivo asegurar el flujo de petróleo y gas hacia Estados Unidos y Europa. Como movimiento climático, no podemos hablar de crisis climática sin hablar de justicia. Tenemos la responsabilidad de mirar más allá de las emisiones y del aumento de temperaturas.

¿De dónde vienen los minerales necesarios para hacer baterías de lítio y molinos eólicos? Las tecnologías que empleamos en nuestro día a día se componen de materiales críticos que requieren brutales procesos de extracción dependientes del petróleo, que niegan la dignidad de demasiados seres humanos, sobre todo en el Sur global (8). Las transformaciones de la transición energética necesitarán aún más recursos del Sur. El mundo que tenemos ahora se ha basado en traer brutalmente al Norte los recursos, mediante el extractivismo, la colonización y la guerra. A menudo el mundo verde occidental se parece demasiado al mundo que pretende dejar atrás (9): no podemos aceptar tener simplemente el mismo mundo, pero eco-friendly.

Las guerras sostienen las dinámicas del sistema responsable de la crisis climática. Nuestro sistema tóxico crea desigualdades y las mantiene a través de la militarización y la violencia. Las soluciones basadas en la seguridad tienen como objetivo asegurar que nada cambia, por injusto que sea lo existente. En sus documentos, los señores de la guerra señalan a las personas refugiadas y a las personas que hemos decidido a actuar como amenazas, ya que consideran que tenemos «el potencial de alterar este statu quo, se oponen al orden económico vigente y presentan un peligro de inestabilidad» (10).

La militarización excluye las soluciones colaborativas. Para lograr la justicia climática, será imprescindible revertir y cambiar el sistema tóxico que ha provocado esta crisis. Las comunidades que están en primera línea, que han sabido cuidar de la biodiversidad hasta ahora, representan fuentes de inspiración y soluciones vivas (10).

3.2. La industria militar es una de las principales causas de la crisis climática.

Ampliar ejércitos es incompatible con una reduccón de emisiones del sector armamentístico. La actividad de los ejércitos genera un bucle de retroalimentación positiva: el incremento de emisiones aumenta los efectos del cambio climático, lo cual fomenta la emergencia de escenarios que revierten en más gasto militar y más emisiones. No será posible escapar de este bucle mientras que el crecimiento económico siga siendo el principal objetivo de nuestras sociedades (11).

Además de los daños directos sobre las vidas humanas intrínsecos a cualquier guerra, los ejércitos provocan daños a la vida en el planeta principalmente en tres niveles: las emisiones de CO2 por los combustibles fósiles que utilizan, los restos tóxicos de las guerras que destruyen ecosistemas y biodiversidad, y el daño directo a entornos naturales como bases militares y campos de entrenamiento, que permanecen durante muchos años sin capacidad de regeneración. La guerra es muerte directa para hoy, y muerte indirecta para mañana. L

a OTAN forma parte de un sistema destructivo que omite deliberadamente los límites de la Tierra. La contaminación y degradación mediambiental generada por los ejércitos antes, después y durante los conflictos bélicos es una de las grandes causas de la crisis climática y de la pérdida de biodiversidad. La guerra ya ha dejado una huella indeleble en la Tierra: más de 2.000 bombas nucleares detonadas, por ejemplo, han dejado una impronta radiactiva irreversible en la composición de la atmósfera (12).

El entrenamiento militar genera emisiones, perturba los paisajes y los hábitats terrestres y marinos. Los vehículos y los explosivos generan contaminación química y acústica por el uso de armas. Los mares son transformados en vertederos de munición (13), y los vertidos arrastran consigo grandes cantidades de compuestos químicos altamente contaminantes. Las enormes cantidades de combustibles fósiles consumidas por los ejércitos sólo para su desplazamiento explica que el Pentágono sea el mayor consumidor institucional del mundo.

En 2019, la huella de carbono de la industria militar en Europa fue de aproximadamente 24,8 millones de toneladas de CO2 equivalente –un valor que agrupa todos los gases de efecto invernadero–. Esto equivale a las emisiones de, al menos, 14 millones de automóviles, o lo que es lo mismo, las emisiones totales de los vehículos de Portugal, Grecia y Noruega juntos (14).

Un informe del Centre Delàs d’Estudis per la Pau profundiza en las consecuencias que tiene el militarismo hacia el clima y el medio ambiente. Según su estudio sobre militarismo y crisis ambiental, los principales países exportadores de armas – que representan el 35,48% de la población–, concentran el 82% del gasto militar global y generan el 67,1% de las emisiones que causan el calentamiento global. Además, estos países concentran los centros de poder que controlan de manera efectiva más de 63.000 corporaciones transnacionales (14).

3.3. La transición ecológica de las fuerzas armadas es peor que el greenwashing.

Según algunos medios, los países miembros de la alianza tienen la intención de acordar en Madrid que sus ejércitos alcancen la neutralidad climática para el año 2050 en un intento de lavado de cara verde. ¿Balas eco-sostenibles? ¿Tanques eléctricos? Una arma nunca será ecológica, lo que mata no sostiene la vida.

La reducción de emisiones que plantea la OTAN no es para actuar ante la crisis climática ni para mitigarla, estos cambios solo responden a la vulnerabilidad que les generan los fenómenos extremos vinculados a la crisis climática y la dependencia de unos combustibles fósiles que se agotan. En palabras del exsecretario de la Armada de EEUU: “Avanzamos hacia los combustibles alternativos en la Armada y el cuerpo de Marines por una razón principal, y es para hacernos mejores combatientes”.

El objetivo de los ejércitos no es defender la vida, y tampoco reducir las emisiones, sino asegurar la extracción y el transporte de capitales fósiles y los minerales necesarios para la transición energética hasta los centros de consumo del Norte Global. Greenpeace apuntaba que en 2021, Alemania, Italia y España gastaron unos 1.200M€ en misiones militares para proteger la importación de combustibles fósiles (15). No es posible entender la estructura de la actual crisis planetaria (climática, energética, humanitaria y de recursos) sin atender al rol de los sistemas militares como guardianes de la misma.

3.4 La militarización no conduce a la seguridad ni a la paz.

Como estamos viendo en los medios, se está tratando de imponer la idea de que nuestra seguridad depende de las armas, lo que legitima el aumento del gasto militar. Es el mismo argumento que el negocio de las armas ha impuesto históricamente en EEUU para legitimar su posesión (16), y basta con ver las desgracias que ocurren periódicamente en colegios y lugares públicos para entender las implicaciones.

En los países enriquecidos, la noción de seguridad se asocia a preservar lo propio y los bienes privados frente a las amenazas exteriores. Sin embargo, la Naciones Unidas en 1994 definieron la seguridad como «el cuidado de las necesidades básicas de las personas» (17). En un contexto de reducción en la disponibilidad material y energética, lo que nos proporciona seguridad no es la fuerza bélica. Las guerras nunca terminarán y nos desgastarán dolorosamente. Lo que nos proporciona verdaderamente seguridad es construir resiliencia y reducir la dependencia de recursos finitos.

Es necesario destacar que los conflictos surjen a raíz de las desigualdades y el mal reparto de recursos. A escala global, denunciamos las brutales desigualdades entre territorios y la militarización de las fronteras de una Europa fortaleza. Denunciamos también la criminalización de las migraciones por parte de la UE, que en su informe Cambio climático y seguridad internacional de 2008 clasificó a las migraciones provocadas por el clima como 4º problema de seguridad (18).

Por otro lado, debemos entender que la OTAN nunca ha sido una organización que promueva la paz. Las relaciones internacionales son relaciones entre Estados definidas en términos de poder e intereses, no de moral o de ética. La geopolítica no es Hollywood, y no existe tal cosa como «los buenos luchando contra los malos». Las relaciones internacionales son relaciones entre Estados definidas en términos de poder, no de moral (19), o como apunta Arantxa Tirado, «La geopolítica y la geoeconomía no tienen valores morales superiores, son negocios» (20). Como dijo José Antonio Zorrilla, exdiplomático y embajador de España, «las armas no conducen a la paz. Las armas conducen a la carrera de armamentos y de ahí a la guerra».

Como movimiento por la justicia climática, no aceptamos las guerras imperialistas como vía de resolución de conflictos. La guerra nunca será la respuesta a la crisis ecosocial.

=======================

Acción directa no violenta por la paz
29 de junio, 10:00, Madrid
La formación será muy necesaria el lunes por la tarde, 27 de junio, en Madrid

Ver también: «Las guerras, la peor devastación ambiental.»
NOTAS:

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: