LA DEFENSA DE LA TIERRA: UNA LUCHA VITAL PARA SUPERAR LA EMERGENCIA ECOLÓGICA

¡Movilízate el 23 de mayo!
Plaza Bilbao (Vitoria-Gasteiz) 18:00
¡DEFENDAMOS LA TIERRA!
¡SIN MACROPROYECTO!

EH Bizirik

(Euskara)

Los profundos cambios que estamos provocando en los ecosistemas imprescindibles para la supervivencia de la vida humana nos han traído a la crisis ecológica que vivimos en la actualidad. El indicador de estos cambios profundos es el informe realizado por el Instituto de Resiliencia de Estocolmo sobre los 9 límites biofísicos del planeta Tierra. Según este informe, es imprescindible mantener los 9 límites dentro de la zona segura para que la vida en el planeta pueda continuar tal y como la conocemos hoy en día. Decimos que nos encontramos en una situación de emergencia ecológica porque 7 de los 9 límites biofísicos se encuentran fuera de la zona segura, y con que tan solo uno de ellos colapsara se producirían graves consecuencias para los seres vivos.

El origen de estas alteraciones biofísicas se debe, sin duda, a la forma en que el ser humano se relaciona con el medio natural. La agricultura industrial e intensiva, por ejemplo, ha provocado la alteración de los ciclos del nitrógeno y del fósforo, la desertificación, la pérdida de biodiversidad y graves problemas en la disponibilidad de agua dulce.

El salto más significativo en esta evolución se produjo en Europa tras la Segunda Guerra Mundial, cuando comenzaron a utilizarse de forma abundante fertilizantes químicos y pesticidas, se introdujo la maquinaria agrícola de tracción mecánica y se empezó a bombear masivamente agua de acuíferos y arroyos en zonas secas. Con las innovaciones técnicas y el crecimiento económico constante que exige el capitalismo, se intensificó el uso de estas técnicas para aumentar cada vez más, o al menos no disminuir, la producción de las tierras.

En los territorios donde se ha desarrollado esta práctica intensiva se han generado problemas graves:
● Pérdida de entre el 50 % y el 60 % de la biodiversidad en las tierras agrícolas.
● Reducción significativa de la fertilidad del suelo y aumento de la dependencia de fertilizantes químicos y pesticidas.
● Reducción del 50 % de la población de gusanos en Europa, tan necesarios para oxigenar el suelo, como consecuencia de su compactación.
● Pérdida casi total de las variedades locales de semillas en Europa. Como consecuencia, además de la proliferación de enfermedades, resulta más difícil obtener cosechas de buena calidad.
● Aumento del riesgo de desertificación debido al desarrollo de sistemas de riego destinados a permitir producciones que requieren gran cantidad de agua en zonas básicamente secas. En el Estado español, por ejemplo, el 75 % del territorio está en riesgo de desertificación.

Lejos de revertir la dinámica inherentemente destructora de este modelo agrario, tratados como el MERCOSUR ponen de manifiesto que vamos en la dirección de una agricultura cada vez más industrial, intensiva y contaminante.

Además, la administración pública está tratando de reforzar la producción de alimentos sintéticos. La inversión económica en esta dirección es un indicador del esfuerzo que se está realizando para fortalecer este negocio industrial. Dos ejemplos son la producción de carne artificial en Gipuzkoa y el tomate hidropónico en Araba. Esta forma de producción de alimentos, además de requerir grandes inversiones energéticas, implica un aumento de la artificialización del territorio y aumenta el riesgo de provocar graves problemas en el organismo humano.

Este modelo de producción alimentaria está poniendo en peligro la seguridad en la producción de alimentos a largo plazo.

Lejos de tratar este asunto como una problemática aislada, a la hora de analizar cómo hemos llegado a esta situación de emergencia es imprescindible prestar especial atención a dos fenómenos o dinámicas que han revolucionado la relación del ser humano con su entorno natural: el crecimiento económico constante y el uso masivo de combustibles fósiles. El capitalismo es un modelo económico que permite acumular cada vez más riqueza producida por el ser humano en menos manos. El desastre ecológico causado por este modelo en tan poco tiempo no puede entenderse sin el uso desmedido de combustibles fósiles.

Para mantener los niveles actuales de producción y consumo, los combustibles fósiles son imprescindibles. Al contrario de lo que algunos quieren hacer creer, debemos tener claro que para superar la emergencia ecológica no basta con cambiar la matriz energética que sustenta la sociedad actual. No es suficiente y, además, no es posible mientras no se cuestione el actual modelo de producción y consumo. Decimos producción porque la fabricación de productos innecesarios no tiene nada que ver con el bienestar de la mayoría, sino con los siguientes objetivos:
● Acumular la mayor riqueza posible en manos de unos pocos.
● Integrar los bienes naturales y comunales de todas en la lógica del mercado, destruyendo el territorio.

Nos parece importante dejar esto claro, porque en los últimos años una parte significativa de la élite política y económica está empeñada en producir la mayor cantidad posible de electricidad a través de macroinstalaciones renovables. Aparentemente, el objetivo sería frenar el cambio climático, pero los datos muestran que esto no está ocurriendo.

Los datos disponibles indican que en la última década se ha producido la mayor expansión de instalaciones eólicas y fotovoltaicas de la historia. Si nos fijamos únicamente en las instalaciones fotovoltaicas, en 2024 se instalaron 600 GW a nivel mundial, un 33 % más que en 2023. Sin embargo, al mismo tiempo las emisiones de CO₂ han seguido aumentando al ritmo más rápido de la historia. Según la Organización Meteorológica Mundial, entre 2023 y 2024 se produjo el mayor aumento de concentración de CO₂ jamás registrado en la atmósfera. Se pasó de un aumento anual de 2.4 ppm (partes por millón) durante la década 2011-2020 a un incremento de 3.5 ppm en el periodo 2023-2024.

En Euskal Herria tampoco estamos a salvo de esta tendencia global, y prueba de ello es el reciente análisis del balance energético hecho público por el Gobierno de Navarra. En él se ha puesto de manifiesto, una vez más, que a pesar del aumento de la generación eléctrica mediante fuentes renovables, el consumo de combustibles fósiles no ha disminuido. Por lo tanto, podemos concluir claramente que la instalación de energías renovables no garantiza por sí misma una reducción de las emisiones de CO₂. En otras palabras, la implantación de renovables industriales no está favoreciendo la transición energética.

La desmesurada expansión de las macro-renovables que hoy se pretende impulsar no persigue, en ningún caso, la eficiencia ni la reducción del consumo energético, sino seguir incrementando los beneficios de unos pocos. En este proceso no se tienen en cuenta algunas cuestiones imprescindibles desde nuestro punto de vista:
● Destrucción del medio natural. Además de las áreas donde se instalan las renovables, hay que tener en cuenta el transporte de electricidad y las minas de los materiales necesarios para su construcción.
● Impacto social. Allí donde se han implantado a gran escala se ha intensificado el proceso de despoblación del medio rural como consecuencia de la disminución de la calidad de vida.
● Crisis de materiales. Es evidente la imposibilidad de aplicar a nivel mundial el plan de electrificación que se propone, ya que los materiales necesarios son limitados.
● Profundización del imperialismo. El robo de recursos de los países empobrecidos por parte de las economías más fuertes es imprescindible para mantener su posición de poder en el mundo, y la cuestión de las renovables refuerza esta lógica.
● Alimentación del extractivismo. Se saquean las materias primas de los países empobrecidos del sur global mediante la violencia, la compra de políticos locales o la generación de caos. Esta dinámica no solo limita el desarrollo de estos países, sino que condena a sus habitantes a la miseria, como muestra el ejemplo del Congo, sometiendo a su población a una forma de esclavitud del siglo XXI.

Tres hechos resultan evidentes: que la emergencia climática está provocando consecuencias catastróficas para la mayor parte de la población mundial, que la tendencia a la desestabilización climática es una tendencia técnicamente reversible y que si se sigue ahondando en el problema es porque la élite político-económica sigue priorizando la ganancia burguesa al bienestar global. Por ello, resulta inverosímil que los responsables directos de esta catástrofe sean, precisamente, los que están abanderando el discurso de combatirla. Con eslóganes como Green New Deal, se ha tratado de asimilar la urgencia de la emergencia climática, haciendo hincapié en la necesidad de llevar a cabo una industrialización «verde». Así, han acotado la emergencia ecológica a la climática, con la que pretenden lograr la paz social y activar un nicho de mercado. La situación es realmente grave.

A su vez, debemos entender el impulso a la ampliación de las plantas de biometanización en la misma dirección que el desarrollo de las renovables. El intento más importante de expansión de plantas de biometanización de gran tamaño se ha producido en los últimos años en Nafarroa, pero Araba, Bizkaia y Gipuzkoa tampoco están a salvo. Algunas empresas e instituciones han mostrado su intención de implantar diferentes proyectos en estos territorios. El funcionamiento de estas infraestructuras, de forma resumida, es el siguiente: en primer lugar se introduce materia orgánica en un digestor y, al finalizar el proceso, se obtienen dos productos: por un lado gas metano y por otro digestato (residuo orgánico). Aunque se trata de procesos útiles a pequeña escala, por ejemplo para el autoconsumo de las granjas, al trasladarlos a gran escala surgen numerosos y graves problemas.
● La producción a gran escala implica el transporte continuo de materia orgánica y digestato (excedente), lo que requiere el tránsito constante de camiones.
● El volumen del digestato es muy similar al de la materia orgánica introducida, por lo que hablamos de una gran cantidad de excedentes.
● Tal y como han demostrado experiencias anteriores, el digestato se deposita en terrenos cercanos a la planta como “fertilizante”, causando importantes problemas de contaminación en suelos, acuíferos, arroyos y estanques cercanos.
● El gas que se pretende producir es metano (CH₄). Este gas es altamente contaminante, ya que a corto plazo tiene un potencial de calentamiento 20-25 veces superior al del CO₂.
● Si analizamos la producción energética neta, existen serias dudas sobre la cantidad real de energía que es capaz de aportar.

Estos proyectos no tienen nada que ver con la transición energética, aunque a menudo se utilicen con fines propagandísticos. Para entender su lógica debemos analizarlos como un negocio vinculado a la gestión de residuos orgánicos y como una fuente energética que se ha vuelto rentable debido al elevado precio del gas procedente de Estados Unidos. Una vez más, se antepone el negocio de la energía a la alimentación. Estos son algunos de los principales proyectos actualmente sobre la mesa:

Bizkaia:
● Diputación Foral de Bizkaia, EVE y PlaZero. 50.000 toneladas/año. ● Verdalia Bio Karrantza SLU. 130.000 toneladas/año.
Gipuzkoa: CAF, Arcelor y Kaiku. 450.000 toneladas/año.
Araba: NATURMET PLUS. 112.000 toneladas/año.
Nafarroa:
● Actualmente hay 6 plantas en funcionamiento, con un total de 527.160 toneladas/año.
● Se han aprobado otros 17 proyectos para su tramitación, con un total de 1.601.420 toneladas/año.
● Es evidente que, a nivel de Euskal Herria, Nafarroa está siendo el territorio de prueba de esta tecnología.

Además, y lejos del discurso interesado de la transición energética, son conocidas las intenciones de establecer centros de datos donde la inteligencia artificial y la digitalización desempeñan un papel fundamental. Se trata de infraestructuras imprescindibles para la industrialización que hoy se pretende impulsar y que deben entenderse también en relación con el desarrollo del control social y del complejo industrial-militar.

Los proyectos más significativos son:

● Araba: En Ribabellosa, impulsado por Merlin Properties y EDGE Energy. Se prevé que tenga una potencia de 300 MW. Las obras de infraestructura ya están en marcha.
● Nafarroa: Actualmente no hay infraestructuras en construcción, pero varias empresas han manifestado su intención de poner en marcha un total de 6 centros de datos. En conjunto, la potencia de estos proyectos superaría los 300 MW.

El elevado consumo energético de estos proyectos pone de manifiesto el verdadero carácter de la expansión desmesurada de las macro-renovables. Es importante destacar el peso que tienen en las previsiones de crecimiento económico actuales. En Estados Unidos, por ejemplo, el 92 % del crecimiento económico registrado en el primer semestre de 2025 provino de los centros de datos.

Además de los mencionados anteriormente, existen muchos otros proyectos que merecen ser señalados: el TAV, el electrolizador de Petronor, la incineradora de Olazti, la interconexión eléctrica de Gatika, las líneas de alta tensión, etc. Todos ellos tienen como prioridad la lógica del beneficio económico, y no el bienestar social. La Agencia Europea de Medio Ambiente afirma que entre 2012 y 2018 se artificializaron 400 km² al año y se perdieron un billón de toneladas de suelo como consecuencia de la erosión. Este dato por sí solo pone de manifiesto la gravedad de la situación actual.

La lucha por la defensa de la tierra es, en definitiva, una lucha por la defensa de la naturaleza, y queremos subrayar su importancia en el contexto actual. Mientras no seamos capaces de ofrecer una alternativa real al modelo económico actual, creemos que es imprescindible hacer frente a la destrucción del medio natural que instituciones y empresarios pretenden llevar a cabo.

Los agentes que suscribimos este manifiesto tenemos claro que, frente a las imposiciones de políticos y empresarios y con el objetivo de proteger la justicia social y la naturaleza, seguiremos defendiendo la tierra.

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