OILWATCH LATINOAMÉRICA: EL TIEMPO DE LA CIVILIZACIÓN PETROLERA DEBE TERMINAR

 OILWATCH LATINOAMÉRICA

PRONUNCIAMIENTO

En el marco de la Primera Conferencia Internacional sobre la Transición para Abandonar los Combustibles Fósiles y la Conferencia por Territorios Libres de Fósiles (Santa Marta, Colombia, 24–29 de abril de 2026)

Llegamos a Santa Marta con la memoria encendida. Con los ríos heridos, con los territorios que resisten, con los pueblos que no se rinden. Llegamos con la certeza de que el tiempo de la civilización petrolera debe terminar.

Saludamos este encuentro como un intento de abrir otros caminos para abordar la crisis climática y como un espacio donde participarán comunidades en lucha y organizaciones sociales, que sumarán también su voz y conocimientos. Pero también queremos decir con claridad que no basta con hablar de transición energética”, necesitamos dar pasos decididos e inmediatos para un profundo cambio de este modelo civilizatorio basado en la depredación de la vida; necesitamos ampliar los espacios para que sean los pueblos quienes cambien el rumbo de la historia. Existe un enorme riesgo de que la transición energética sea capturada por el poder corporativo, reduciéndose a un cambio o adición de fuentes energéticas, reproduciendo el modelo extractivo, de consumo masivo, y profundizando las desigualdades históricas.

Durante décadas, a los pueblos del Sur Global se nos dijo que el petróleo era el destino a alcanzar; que sin él no había futuro. Nuestras sociedades fueron envueltas en promesas de progreso y desarrollo recurriendo a la renta petrolera. Pero esa promesa fue una trampa, nunca llegó a realizarse, y eso es palpable en las regiones petroleras y en gran parte de los países exportadores de petróleo.

La denominada “maldición de los recursos” no constituye un fenómeno inevitable, sino el resultado de decisiones políticas que han perpetuado la dependencia y limitado las posibilidades de construcción de alternativas. La ilusión petrolera ha servido para sostener la acumulación de unos pocos, a costa del sacrificio de muchos y de todo. Nuestra dependencia no es natural, es política. Y romperla no es apenas una opción técnica, sino un acto de dignidad.

Pasar la página de la era petrolera no es una metáfora, es una urgencia ética, climática y post-civilizatoria. Es reconocer que, en menos de dos siglos, la petrodependencia contaminó todas las instancias de la vida y dejó una huella profunda de devastación, despojo y desigualdad en los territorios, a lo largo de toda la cadena del metabolismo petrolero. Esta deuda con la vida exige verdad, justicia y reparación integral, la cual implica un reconocimiento de los daños a perpetuidad, planes contextualizados a cada territorio, aportes para una diversificación productiva, restauración de ecosistemas y una perspectiva de justicia ambiental y laboral.

Sin embargo, antes que una desescalada, en la actualidad constatamos la descabellada expansión de la producción y el consumo de hidrocarburos, y una constante avanzada de energías extremas que hemos denunciado por años desde Oilwatch. Entre ellas el Pre-sal en Brasil, el fracking en Argentina y México, los crudos pesados y extrapesados en la Faja del Orinoco en Venezuela, la explotación petrolera en la Amazonía, la expansión de proyectos de extracción de hidrocarburos costas afuera, las cuales generan impactos en toda la región. Esta expansión viene de la mano de nuevos proyectos de exploración, nuevos licenciamientos y la desregulación ambiental. Vemos como consecuencias más fuertes y frecuentes sequías, inundaciones, incendios, desplazamientos: la cuenta la paga la vida.

Esta expansión no sería posible sin el respaldo de sistemas financieros que continúan subsidiando y asegurando el funcionamiento de la industria fósil, profundizando una deuda ecológica y climática que recae sobre los pueblos del Sur Global.

Luego de 30 COPs, luego de 30 años, estos han sido los resultados, producto de medidas parciales y falsas soluciones, que no van a la raíz del problema, que no tienen carácter vinculante, y que no involucran realmente las voces de los pueblos. Dichos resultados nos hablan de un modelo agotado y la urgencia de proponer nuevas estrategias de acción.

Para rematar, vemos cómo se incrementan y agravan las agresiones militares y guerras a lo largo y ancho del mundo como ha ocurrido recientemente en Venezuela e Irán, junto con nuevas formas de colonialismo, donde el control de la energía fósil sigue siendo motor de violencia, dominación y reconfiguración geopolítica. No se trata de hechos aislados: los combustibles fósiles han estado históricamente en el centro de conflictos armados, disputas territoriales e intervenciones.

NUESTROS PLANTEAMIENTOS Y DEMANDAS PRIORITARIAS

En el marco de esta Conferencia, y ante estos escenarios expuestos, Oilwatch Latinoamérica expresa los siguientes planteamientos y demandas prioritarias:

  • La transición fuera de los combustibles fósiles no puede limitarse a un cambio en las fuentes de energía, sino que debe abordarse desde una perspectiva estructural, que transforme las bases económicas, sociales, políticas y energéticas vigentes. Una transición debe ser justa, ecológica y social, basada en la equidad, la participación efectiva y protagónica de trabajadores, pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes, organizaciones de mujeres y comunidades locales. Debe reconocer y fortalecer el papel de los territorios indígenas, afrodescendientes y campesinos como fundamentales en la protección de la vida y los ecosistemas.

  • Se debe plantear una urgente discusión que ponga sobre la mesa las preguntas: ¿energía para qué? ¿Para quiénes? Partir del cuestionamiento de las lógicas de las sociedades de consumo y de los imperativos de crecimiento sin fin, en sistemas además profundamente desiguales.

  • Exigimos el fin inmediato de los subsidios directos e indirectos (u ocultos) a las empresas de hidrocarburos, las exenciones fiscales, los regímenes aduaneros o cambiarios especiales, el financiamiento público y aseguramiento a proyectos de combustibles fósiles, y redirigir estos recursos hacia transiciones con perspectiva socioecológica, que sean justas y territorializadas.

  • Advertimos sobre el riesgo de reproducir lógicas extractivistas y coloniales bajo el marco de las denominadas “energías limpias” y las “falsas soluciones”, cuando estas se imponen sin el consentimiento libre, previo e informado de las comunidades.

  • Por décadas, Oilwatch ha reivindicado el mantener los combustibles fósiles bajo tierra como obligación política y condición fundamental para la estabilidad climática y la justicia ambiental. Se requiere también establecer una moratoria inmediata a nuevas actividades de exploración y explotación de hidrocarburos. A su vez, es necesario avanzar y fortalecer procesos de desmantelamiento progresivo de las infraestructuras existentes, con garantías fiscales, mecanismos de monitoreo y responsabilidades asumidas por parte de las empresas.

  • Reconocemos, valoramos y resaltamos las múltiples experiencias impulsadas desde los territorios que día a día transitan hacia un mundo post-fósiles. Iniciativas como la moratoria a la exploración petrolera en Costa Rica, la decisión democrática de mantener el crudo bajo tierra en el Yasuní en Ecuador, la lucha para legalizar la prohibición del fracking en Colombia, la propuesta de Oilwatch del ‘Anexo 0’ que agrupa las iniciativas que ya están dejando el petróleo bajo tierra, así como las diversas resistencias sociales que están enfrentando la expansión hidrocarburífera en América Latina y otras regiones del mundo, constituyen referentes concretos para avanzar hacia modelos post-extractivistas. Llamamos a “Yasunizar” el mundo, a multiplicar esas decisiones valientes que ponen la vida por encima del lucro.

  • Se deben impulsar modelos de soberanía energética basados en el control comunitario, la descentralización y el respeto a los territorios.

  • Respetar los derechos humanos y de la naturaleza, e implementar mecanismos de justicia climática que incluyan la reparación integral de los territorios afectados por la actividad extractiva. Proteger a las personas defensoras de los derechos humanos y de la naturaleza, frente a la creciente criminalización y violencia. Rechazar la militarización de territorios energéticos y exigir la desescalada de conflictos vinculados al control de recursos fósiles.

  • Subrayamos la importancia de fortalecer iniciativas internacionales orientadas a la eliminación progresiva de los combustibles fósiles, que dialoguen con propuestas tales como el Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles, y que avancen hacia compromisos vinculantes que garanticen una reducción efectiva de la oferta y la demanda de estos recursos.

  • Exigimos a los países del Norte Global y potencias emergentes a asumir su responsabilidad histórica mediante reducción acelerada, planes de cierre y desmantelamiento justos, entre otras acciones. Las iniciativas de transición no pueden implicar incrementar las presiones para la extracción de minerales críticos y la ampliación de la frontera de hidrocarburos en el Sur Global. Estos países deben también contribuir en el financiamiento de la transición en nuestros países, aportando a los procesos de restauración, reconocimiento de daños a perpetuidad, diversificación económica, alternativas laborales para los territorios dependientes de la extracción fósil; mientras que también reconocen la cancelación de la deuda climática.

  • Finalmente, instamos a los Estados participantes y a la comunidad internacional a que la Conferencia de Santa Marta trascienda las declaraciones de intención y se traduzca en acciones concretas, con plazos definidos, mecanismos de seguimiento y rendición de cuentas.

La Red Oilwatch Internacional reitera, después de 30 años de existencia, su compromiso de continuar acompañando a las comunidades en primera línea y contribuir a la construcción de un horizonte común basado en la justicia, la equidad y el respeto por la vida en todas sus formas.

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