Esto no es una guerra, sino una simbiosis y una colaboración

¿Cómo, cuándo y por qué se rompió nuestra relación circular con el planeta?

Antonio Aretxabala

Vivimos tiempos de cambios bruscos, tanto que muchos pasan sin ser asimilados. La revolución industrial introdujo el mayor cambio de nuestra historia natural, rompió la relación circular con la energía del medio y con el propio territorio al introducir un excedente de energía no renovable que casi rozó el 90%. El son de los movimientos del aire o del agua dejó de dirigir la orquesta del desarrollo humano y pasó a manos de la ciudad capitalista como unidad estructural de la era industrial y tecnológica basada en la quema de combustibles fósiles, tal cual la conoce nuestra generación.

Aquella relación o economía circular que acompañó a los seres humanos que nos precedieron el 96% de nuestra historia (escrita) y a la que irremediablemente estamos volviendo, estaba basada en la energía del aire y en la solar que alimentaba a las plantas, éstas a los músculos de los animales, a los nuestros, a la madera, el carbón vegetal, la cera, el aceite de ballena o la construcción de saltos hidroeléctricos… También era el motor principal de los propios ríos y además, por definición, su movimiento circular siempre la devolvía al medio para una y otra vez recargarse y renovarse en forma de energía potencial, biota o fertilizante.

Sin embargo ese ciclo ha vivido una anomalía con una ruptura descomunal favorecida por la entrada de ingentes cantidades de energía no renovable en la producción, en la economía y en la cotidianeidad, y lo ha hecho por primera vez en nuestra historia, pero tan sólo unos 200 de los 5000 años de historia (escrita) de nuestras relaciones, tanto entre nosotros como con nuestro entorno.

Y toda anomalía por definición tiene un fin. La entrada masiva de los combustibles fósiles rompe el círculo, se trata de energía solar enterrada, cocida y fosilizada hace millones de años y devuelta a coste cero. Supone además que a estas alturas cada año quemamos unos dos millones de años del trabajo realizado por la tectónica de placas. Un regalo que nunca mejor fue llamado “oro negro”. Pero el problema es que todo recurso no renovable tiene un final y toda tecnología para acceder a él un límite, por ello el crecimiento económico también y la modificación del entorno del que destacaremos un aspecto: su “mantenimiento a raya” a base de un recurso que supuso ser un regalo temporal, sufre el mismo declive.

¿Acabaremos el medio natural y el medio humano destruyéndonos mutuamente, o nos veremos forzados por las buenas o por las malas a comprender que esto no es una guerra, sino una simbiosis y una colaboración?

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