Sidarta Ribeiro publicada en Sumauma
En su columna de estrella, el científico Sidarta Ribeiro pregunta: ¿Cómo explicar a los autoproclamados progresistas que por ningún dinero vale acelerar el desequilibrio ambiental degradando o destruyendo la materia orgánica viva para extraer materia orgánica muerta?
Pido permiso a todos los seres visibles e invisibles por la oportunidad de arrimarme a la sombra de esta frondosa sumaúma (ceiba). Doy gracias al gran espíritu universal, principio y fin de todo el misterio, creador de las estrellas, de este planeta y de la vida, desde la primera célula hasta las lianas y la hoja. Doy las gracias a los antepasados humanos y no humanos, desde las abuelas más antiguas hasta mi madre y mi padre. Doy las gracias a los pueblos originarios de este continente, con profundo respeto.
Nací en una gran ciudad y he vivido en muchas otras a lo largo de mi vida, pero al final he aprendido, de sabias y sabios maestros, indígenas o no, a reconocer un hecho evidente: la ciudad es la ruina de la selva. Como ocurre con cualquier ilusión que confunde figura y fondo, una vez percibida la ruina, resulta imposible dejar de verla.
Esto es lo que parece que ocurre en el enfrentamiento en torno a la exploración de petróleo en el margen ecuatorial de la Amazonia y la región Nordeste. Algunos camaradas de la izquierda, amigos y colaboradores desde hace mucho tiempo, parecen incapaces de darse cuenta de la enormidad del error que supone forzar esta exploración sin el consentimiento del Ibama (Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables), de los pueblos de la selva y de los intereses planetarios en proteger estos biomas. Aferrándose a argumentos técnicos que descuidan los riesgos e inflan la imaginación de las ganancias futuras, mis amigos olvidan muchas cosas.
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