(Sigue de “Artista argentino se apropia de la Antártida”)
Así es como descubrí la Antártida. Está claro que ambos polos, y sobre todo la Antártida se han convertido en uno de los focos de la discusión y la lucha contra la crisis climática. Pero por un lado, por las causas que comentamos, su distancia y que no tiene una población (por lo menos nativa), siempre nos queda más distante. Así que, gracias a Alberto Morales, yo he descubierto la Antártida, y es mi primer artículo sobre el tema y el primero con ese tag en A Planeta.
Por otro lado, la Antártida ha sido objeto de atracción durante años y siglos. Por un lado por la dificultad que supone el habitarla, su difícil acceso, y luego porque eso supone un reto, el aliciente de la aventura. Así, se convirtió en objetivo de aventureros y de países por añadir territorio a su mapa. La aventura de el noruego Amundsen ha quedado en los anales de la historia como la del primer hombre en llegar a la Antártida. Era 1911. ¡Tan sólo algo más de un siglo! Y hasta entonces ningún hombre había pisado su hielo. Mientras, sus duras condiciones cobraban vidas, como todos los miembros de la expedición británica de 1912.

Pero eso no es del todo correcto, porque como nos contó Alberto Morales, ya había personal argentino allá desde 1904, en la isla Laurie, donde instalaron un observatorio meteorológico. Pero esa, como también nos dijo Morales, es parte de una historia de un conflicto internacional reclamando un territorio que hasta entonces no había sido asequible.
En cuanto a los vascos, no tenemos ninguna intención de reclamar nada, y bastante ya hemos participado en actividades coloniales con otras coronas. Lo que si realizamos fue una travesía en la Antártida. La primera configurada por vascos fue en 2003. Dos meses de travesía para, tras recorrer a pie 1.200 kilómetros, llegar al Sur Geográfico. La proeza la realizó un tolosarra, Angel Navas, y otros dos compañeros (Guillermo Bañales y Josu Feijoo). Lo supe por Navas, que es amigo. Aquí es cuando Roger Blasco me diría «¿Otro de Tolosa? ¿Pero qué teneis en ese pueblo? Han pasado muchos de tu pueblo por mi programa!». Los 3 ya se habían curtido en el Everest, en alguna de cuyas expediciones incluyó a Edurne Pasaban.
Pero las condiciones en la Antártida no dejan de envidiar al Everest. El mismo Morales me compartió su experiencia más angustiante. Un día salió con los geólogos de su base para poder conocer la Antártida desde otras disciplinas. Le dijeron que debían caminar en fila india. «¿Por qué?», preguntó. «Porque es posible que en el glaciar haya fisuras y alguien se caiga, entonces, yendo así, nos podemos dar cuenta y no caernos varios, y poder así rescatarla». Morales dice que se quedó pálido pensando que tal posibilidad existía. En esa ocasión, como nos contó no ocurrió nada. Pero fue de vuelta a Buenos Aires, cuando una noticia de la radio le dejó helado: los miembros de un equipo argentino de glaciólogos habían perecido cuando iban en sus motonieves de una base a otra. Uno de ellos era con quien compartió aquella salida, un muchacho de la localidad de General Rodríguez, cercana a Buenos Aires.

«La omnipotencia se te va a la mierda», reflexiona Morales. «Hay que escuchar a los que saben. Hay que escuchar a la Naturaleza. En la Antátida no hay término medio. O la odiás o la amás».
Morales se embarcó en esta aventura buscando una experiencia personal que expresar con su arte. «Yo no sabía que esperar. Antes de ir me negué a recibir ninguna información. No quería viajar con prejuicios. Quería ir en blanco, a sorprenderme. Fui solo con el caballete. Hice unas 600 fotos. Aquello es esencia vital. Todo blanco. Y todos los blancos distintos. Notas una potencia, una energía que te agarra. El horizonte es como utopía. El camino desaparece en él. Es el principio y el fin de todas las cosas. Estás solo. Lo que me pasa a mí, me pasa a mí. Es una experiencia transcendental».

Pero como decíamos, una de las razones por la que Morales fue en 2005 a la Antártida (2 años después de la expedición vasca) fue la de socializar la Antártida con la población Argentina. De darla a conocer. Porque en sí, como él me decía, la Antártida no sólo es reclamada, sino que figura en el mapa argentino como una provincia más (junto a las islas Malvinas), como en el mapa español aparecen las Canarias: «Cuando era niño en los Mapas Record aparecía un rectángulo en el que se incluía un triángulo que era el territorio argentino de la Antártida. Y me preguntaba qué sería eso». Sí, administrativamente para Argentina esa cuña de la Antártida forma parte de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.
Y ahí reside todo un reclamo: porque desde 1904 existe presencia argentina en la Antártida. Por tanto, las reclamaciones antárticas argentinas están basadas en consideraciones históricas, geológicas y de proximidad a la Argentina continental americana. Ese año, Argentina instaló un observatorio meteorológico en la isla Laurie, de las Orcadas del Sur. Desde un inicio, el interés argentino en establecerse en la Antártida ha sido de índole científico.
El impulsor de esa presencia argentina fue Francisco Moreno, el perito que dio nombre a uno de los glaciares más conocidos y una de las mayores atracciones turísticas argentinas. Precisamente, el Perito Moreno es conocido por reflejar los efectos de la crisis climática, pues ésta ha provocado una pérdida de su masa de más de 700 metros (2023).1 Moreno había puesto en marcha la Campaña Antártida, y un año antes, 1903, uno de los buques que la configuraba, el Antarctic, se quedó atrapado en el hielo y se hundió. Pero consiguieron rescatar a sus tripulantes, y con ello, confirmaron las posibilidades de navegar en esos mares.
Los objetivo de Perito Moreno fueron retomados por Juan Domingo Perón. De 1947 a 1955, su gobierno creó otras 8 bases en la Antártida. Ahora son 13. En 1951 se realizó la primera expedición científica nacional y se fundó la primera base del mundo al sur del Círculo Polar Antártico, Base General San Martín. Pero ese año, 1955, perpetraron el golpe de estado contra Perón, con lo que se frenó el establecimiento en la en la Antártida.
¿Coincidencia? Al poco, el año 1959 se firma el Tratado Antártico, que en Argentina se entiende como una limitación internacional a la la presencia argentina. Si tenemos en cuenta entre quienes se divide el continente antártico, 4 son los países australes, pero de ellos Australia y Nueva Zelanda se encuentran a miles de kilómetros de distancia, mientras Argentina, no sólo por presencia histórica, y Chile, se encuentran muy próximos.
Ahora esas reclamaciones obtiene un nuevo carácter, pues en una época de pico de petróleo y crisis energética, Rusia ha anunciado la existencia de una gran reserva en su subsuelo (10 veces mayor que del Mar del Norte) (febrero 2024)2. Que se suma al conocimiento de yacimientos minerales. La Antartida es preservada por el Tratado Antártico como territorio de ciencia y de paz, en el que nos se permite realizar actividades extractivas. Pero eso podría cambiar según los intereses geopolíticos, energéticos o económicos, que son los que mueven todo. La noticia es trágica en este escenario de crisis climática, pues podría suponer más extracción, más combustión, más emisiones y, por tanto, ahondar en esa crisis. Recordemos, que una de las consecuencias del pico de petróleo ha sido la de optar por reservas que antes se rechazaban por la dificultad técnica que suponían y por sus altos costes: en el interior de selvas, en las profundidades oceánicas, de arenas bituminosas, mediante fractura hidráulica y otras. Así, que no es descabellado que planteen el impulsar su extracción.
En esa geopolítica tendrá que ver muy mucho quién esté en los gobiernos, y la postura de los gobiernos de cada país. En lo que respecta a Rusia, todos sabemos que no podemos hacernos ilusiones cuando está inmerso en una guerra brutal con Ucrania. Pero las políticas y agendas de otros países no son más halagüeñas, por ejemplo, en el caso de Argentina con Milei. En su caso, por ejemplo, Milei se ha mostrado totalmente a favor de la Ucrania de Zelensky.
Pintando la Antártida
Como pintor, los retos fueron poder transmitir lo que es la Antártida y pintar en esas condiciones. Al parecer, pese a ser su base de agua, los acrílicos no se le helaban a Morales. Pero obviamente, el permanecer mucho tiempo con ese frío, y sobre todo con ese viento3 (alguna vez, rachas de 200 kms) condiciona bastante. Pero sobre todo es cómo reflejar ese paisaje, un paisaje predominado por blancos, y cómo reflejar esa luz. El reto es «con menos decir más», nos explica.

El impacto del paisaje es patente en la pintura de Morales. Como lo es que 19 años siga pintando aquello que le tocó tan profundo. Una de sus últimas obras. “Y un día el horizonte se fue. Enero 2024”, es de este año, 19 años después de su experiencia antártica. Aunque, obviamente, el tema sirve ahora, además, para expresar también otras realidades.
Pintando la Antártida y sus paisajes, Morales se acerca a la abstracción. A ello añadir su estilo más impresionista al tratar la pintura. Lo difiere mucho pr tanto de otros artistas que se han centrado en el hielo, como Jesus Mari Lazkano, que busca más las luces, los contrastes, y paisajes que supongan un reto reproducir, y reproducirlos lo más fielmente. En ese sentido, tanto por lo que supone la Antártida, pero también por los planteamientos de Alberto Morales, el resultado difiere mucho.
Ese acercamiento al abstracto, donde impera el blanco (mejor dicho, los blancos) de la Antártida nos evocan obras como la de “Blanco sobre blanco” de Malevich, pintada ya hace más de un siglo, en 1918. En esa apuesta por la abstracción, Malevich declaró el Suprematismo (no confundir con el supremacismo, que generalmente se usa para declarar la superioridad de un grupo humano con respecto a otro). Creo que lo que Malevich reivindicaba con el suprematismo se aplica muy bien a lo que busca Morales, pese a que luego sus propuestas estéticas sean tan distintas (pese a ser las dos blanco sobre blanco!): un arte basado en «la supremacía del sentimiento artístico puro sobre la representación visual de los objetos».
Sus paisajes se asemejan así a los de Jackson Pollock, pero en otras tonalidades y otras disposiciones. O al arte de Ad Reinhardt (“Number 107”, 1950). O al “White Target” de Jasper Johns. O incluso al “Achrome” de Piero Manzoni (1958), sin ser matérico a ese nivel. Ni al nivel de Miquel Barceló.
Porque no es sólo blanco. Son muchos grises, de niebla, de amaneceres prolongados. Son también los colores del cielo y el sol, del mar sin helar. Son los colores de esa Antártida en deshielo por el efecto del cambio climático, con rocas y tierra emergiendo entre la nieve y el hielo. Además la noche en la Antártida, en invierno, el sol se ausenta por meses, por lo que el paisaje es bien distinto. Esos contrastes tan bruscos y que reflejan tan bien esas condiciones tan severas, son también los que ha buscado Morales en sus cuadros.

Concluyendo
Gracias a Alberto Morales conocemos la Antártida. Pero sobre todo conocemos SU Antártida, una Antártida particular que se corresponde con su forma de ver la vida, con lo que él ha buscado estos últimos años, y con su trayectoria artística, indivisible de SU vida.
Conocemos una Antártida que es patrimonio del mundo. Que en parte pertenece a Argentina y que no pertenece a nadie. En parte pertenece a Morales y en parte nos pertenece a todas. Una Antártida patrimonio del mundo, de cooperación internacional. Una Antártida sin habitar, pero ahora habitada para conocerla mejor, y conocer así mejor al Planeta. «La Antártida como un laboratorio gigante que nos alumbra sobre nuestro pasado remoto y sobre nuestro futuro como humanidad», dice Javier Figueroa en el prólogo del libro de Alberto Morales. Para conocer mejor el clima. Para conocer mejor los impactos de nuestro modelo.
Una Antártida para pintarla mejor. Una Antártida de todas las personas, pero que entre todas la dañamos. Una Antártida inhóspita, lejana, pero que sin embargo se encuentra tan cerca de nuestra vida y nuestros impactos. Una Antártida que es fundamental en el equilibrio del Planeta como lo conocemos y de sus climas. Una Antártida que alberga recursos valiosos (minerales, petróleo, carbón y gas), objeto de intereses geopolíticos, y, sin embargo, que es territorio de paz, y territorio vedado al extractivismo. Antártida, el continente cuya luz y energía deslumbró a Morales, y que nos alumbra a todas.

- La presentación por Alberto Morales de su libro “Al sur del sur, mi Antártida” y sus pinturas será en el Salón Rafael Altamira de la Universidad de Alicante, este 19 de septiembre a las 19:00
NOTAS
1https://elpais.com/america-futura/2023-12-02/el-perito-moreno-el-gigante-de-hielo-muestra-indicios-de-retrocesos.html
3Al parecer, según los datos recogidos en las estaciones de observación argentinas en la península antártica, la velocidad del viento en la superficie de la antártica también está disminuyendo. El viento tiene efecto en las conciones climáticas, y viceversa.
www.tiempo.com/ram/velocidad-viento-superficie-peninsula-antartica-disminuyendo.html