PARA TI, QUE ODIAS LOS PARTIDOS POLÍTICOS!!! FOSILISTAS!!!!

Por Julia Itoiz «La Chula Potra« (Iruña Gerora)
Foto: TAV a su paso por Tolosa (A Planeta)
Todos los partidos políticos con representación institucional son parte de la crisis y si quieren ser parte de la solución, deben cambiar. El sistema ya ha empezado a hacerlo con un ecofascismo que puede asustar pero es una adaptación que incrementa las expectativas de supervivencia y por eso desde la biología puede decirse que es mejor una adaptación “fascista” que no hacer nada. Los partidos de izquierdas se encuentran todavía en una fase de no hacer nada. No se puede negar que conocen el contexto, pero no tienen una vocación de anticiparse a las necesidades comunes.
Siempre les pilla el tren y a partir de ahí, se adaptan, dejándose llevar y con un timón común al resto de partidos: Los intereses del partido. En 1972 el Club de Roma financio un estudio que declaraba: “Si seguimos con esta forma de economía, en cien años la Humanidad alcanzará los límites de su crecimiento (Es decir 2062). El resultado más probable, un súbito e incontrolable descenso, tanto de capacidad económica como de población”. Resumiendo, miles de millones de muertos y de nuevos pobres.
Los partidos de izquierdas bien pudieron haber interiorizado esto. Pero no pudieron, porque ellos también eran fosilistas: Siguieron su labor sindical en grandes fábricas fosilistas y lucharon por lograr más comodidad material y la representación en parlamentos liberales o en organizaciones armadas marxistas, corriente de pensamiento así mismo fosilista. Las armas se abandonaron, más por desgaste y falta de financiación que por convicción política. Las fábricas nos convirtieron, de hijos y nietos de agricultores a urbanitas digitales devoradores de recursos.
En los parlamentos, algunas veces incluso lograron vencer. Como con el Cuatripartito, momento en que las incoherencias fosilistas de los movimientos de izquierdas salieron a la luz descarnadamente: Lo primero que tenía que haber hecho el gobierno del cambio es convocar a su base social para iniciar un proceso participativo que empezara a cambiar el modelo de ciudad, porque eso era lo coherente con su supuesta idiosincrasia participativa. Pero se conformaron con las reuniones vecinales en las que discutir de batiburrillos de barrio sin gran vinculación con el presupuesto, quid de la cuestión, en las cuales los concejales se agotaban por la hora, el marco y el funcionamiento y la ciudadanía abandonaba la ilusión. E igual que la derecha, reservaron para sí las decisiones sobre proyectos, fondos y cuestiones políticas. El resultado, que ni la institución ni su base social se adaptaron al cambio y por tanto y en cuestiones esenciales, la relación entre ambas tomo el mismo tinte que si estuviera gobernando la derecha. Porque el modelo de partido, en la base, es el mismo.
La política social-demócrata se basa en el partido, su base social, el proyecto y el presupuesto. Y lo único que cambia realmente entre ellos es esa base social, que de cualquier manera, se ve obligada a aceptar la decisión de unos pocos. Por otro lado, el proyecto de ciudad, comunidad, no existe de manera científica. Es muy clarificador en los documentos del Next Generation. Una lista de proyectos con ciertos vectores comunes pero sin definición, profundidad, continuidad ni plan de acción. Entre ellos algunos saldrán adelante no por necesarios o adecuados, sino por ser prioritarios para los intereses de los grupos de poder que sujetan estas instituciones liberales y su representación, por ejemplo, lobby del cemento y TAV. En cuanto al presupuesto, en esta “democracia” burguesa, su responsabilidad descansa en un grupo pequeño de ciudadanos, sujeto a presiones e intereses.
«Euskal Herrixtrix» (Martintxo Mantxo)
Otro ejemplo, el PSN es una organización con unos 500 miembros activos. Esas 500 personas tienen el poder sobre la decisión de los proyecto y de los fondos públicos. En Navarra vivimos 500000 habitantes y por eso el gobierno de Chivite es una oligarquía. Y no es saludable socialmente porque representa un escollo a la adaptación.
Esta gente no quiere que la esencia del modelo social cambie. Para muchos representa empleo, para otros, asegurar una clientela básica para sus negocios. Les va bien!!! Por nuestra parte, la mayoría simplemente no creemos que nada pueda cambiar y sin fe, nada cambia. Esta falta de fe también es una incapacidad biológica de adaptación. Y una falta de ética, porque nuestros hij@s y niet@s necesitan de ella para que empiece a cambiar lo que solo ahora va a ser posible cambiar. Somos l@s primer@s agentes de la resiliencia que necesitan para sobrevivir.
Los partidos de izquierdas debieran cuestionar este acopio de poder, proyecto y presupuesto, en grupos tan limitados de personas, fáciles de corromper. Su propuesta política debía girar, esencialmente, en transformar la institución representativa para llevar la ciencia y la participación al diseño del proyecto político y para separar responsabilidades en aras de prevenir la corrupción inherente a este modelo por eso de recaer en las mismas manos proyecto y dinero. Esto es, la propuesta de izquierdas hoy debía girar sobre como pasar de esta política representativa a otra participativa. Pero no se esmeran, no es prioritario para sus intereses de partido porque significa una pérdida de control, es decir, de poder.
Por otro lado, la gente que nos consideramos de izquierdas debiéramos interiorizar que este derecho a la participación, hoy, es sobre todo un DEBER de participar en lo público si queremos adaptarnos a un medio que, sin nuestra acción, se presenta terrible, empobrecido y fascista.
Visualizando una sociedad adaptada, necesitamos una nueva manera de definir el proyecto social y otro tipo de representación. Necesitamos un proyecto científico, con un análisis objetivo, autónomo y compartido para la adaptación. De ese análisis debiera surgir un proyecto que formara un sistema coherente con líneas de actuación, tiempos, financiación, proyecto que debiera superar los tiempos electorales y las tendencias ideológicas y que debiera basarse sobre todo en el conocimiento científico y en la ética que como civilización, poseemos. En cuanto a la representación, sería también saludable que el modelo actual se duplicara. Parte de ella se convirtiera en un funcionariado que ejerciera, por oposición, esa labor administrativa que conlleva el cargo político. La otra parte debiera diluirse en grupos ciudadanos que auscultaran, preferiblemente por experiencia propia, las necesidades y a partir de ahí definieran los proyectos sin recibir ningún puesto público por ello. Esta parte representativa con la decisión sobre el proyecto serviría de órgano fiscalizador de la parte que administrara públicamente el proyecto: Si el proyecto fuera realmente compartido, la gente lo conoceríamos, lo apoyaríamos y lo protegeríamos.
A un año de las elecciones ningún partido político de izquierdas está ofreciendo nada realmente revolucionario en estos tiempos revolucionados de crisis global multisistémica. Y no lo esperéis, es natural. Porque en este sistema ya les va bien. Solo un agente puede empezar a empujar para que el rumbo cambie: Movimientos civiles sin intereses particulares, llevados por el sentido común y el amor hacia quien nos necesita en el futuro: Cuestión de fe… y de organización.

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