¿El aceite de palma? ¡No os habéis enterado de nada!

Martintxo Mantxo (Rebelión)

El debate que tuvo lugar sobre el uso del aceite de palma en la alimentación y como consecuencia su posterior exclusión de muchos productos ha sido una de los logros más relevantes de los últimos años. Un logro que hay que adjudicar a nosotras consumidoras, que hemos conseguido al rechazar y denunciar productos que lo contenían, y prefiriendo otros, y así haciendo cambiar políticas y preferencias.

Sin embargo, podríamos cuestionar si el aceite de palma es la grasa más tóxica de todas cuantas hay en los productos que consumimos. O en realidad, podemos decir que el aceite de palma no es bueno consumido en exceso como lo hacemos al utilizar comida procesada. Pero como muchos otros ingredientes de la comida procesada (azucares, sal, harinas refinadas, etc por no hablar de aditivos). Por tanto el objetivo debería haber sido más la comida procesada (que además conlleva gran uso de envoltorios, plásticos y muchos recursos nefastos para el medio ambiente) que el aceite de palma.

Consumo de aceite de palma en el mundo (la figura incrementó a cerca de los 73,9 millones de toneladas en 2021-22) (Fuente: statista.com)

El caso es que pese a esa reducción del aceite de palma en alimentación, su producción no se ha alterado: en al curso 2020/21 fue de 73 millones de toneladas métricas, aumentando un poco la producción del curso anterior, que a su vez sólo bajó un entero con respecto al año anterior1. Pero ¿a dónde van esos 73 millones de toneladas métricas? La cosa es que si la alimentación empleaba mucho aceite de palma, la mayoría se destinaba a producir combustibles, o como acuñaron para sonar mejor “biocombustible”.

La cuestión también es que el aceite de palma es perjudicial para la salud, pero no sólo por su consumo en la alimentación. Como en esta pandemia hemos comprobado, nuestra especie está en riesgo por terminar con la biodiversidad y terminar con ecosistemas, por alterar la cadena trófica con consecuencias nefastas. A las que también se añade la contaminación. Y el cambio climático tiene efectos en la salud también muy graves, para empezar porque el aumento de temperaturas propicia la multiplicación de especies, de patógenos, y también su expansión. De todo ello tiene gran responsabilidad el aceite de palma africana como combustible. Porque esos miles de millones de toneladas suponen una gran extensión de tierra: 1 hectárea produce unas 4 toneladas de aceite, con lo que tenemos que a 73 millones de toneladas les corresponderían unos 18 millones de hectáreas de tierra. 18 millones de hectáreas de selva deforestada por año2. Casi toda en Indonesia y Malasia que producen el 85% del aceite de palma y una de las mayores selvas tras la Amazonía; y también en Colombia, Nigeria, Ecuador. Con el agravante que no sólo se elimina vegetación que actuaría como sumidero de carbono natural, sino que en el caso de Indonesia y Malasia los suelos de esas selvas son además grandes turberas que contienen grandes volúmenes de CO2 que al quemarse es liberado.

Resistiendo a la palma aceitera en Indonesia.

Y obviamente, el biocombustible va mezclado en un porcentaje con el combustible normal. Ambos se queman. Ambos producen gases de efecto invernadero. El biocombustible también. Ambos producen gases y elementos altamente nocivos para la salud. En realidad, ahora que nos hemos habituado a vocablos como “pandemia”, el efecto en la salud provocado por la contaminación del aire se puede considerar también una pandemia: la OMS estima en 7 millones de muertes por año asociadas a la contaminación atmosférica3.

Pero a los que de verdad afecta a la salud es a los miles de personas que esas plantaciones de palma ha afectado: miles de pequeños campesinos e indígenas (Iban, Dayak, Orang Rimbas y muchos otros) que han visto su hogar destruido y sus cultivos y medios de subsistencia perdidos. Expuestos a grandes incendios y a las consecuencias extremas del cambio climático. Muchos también encarcelados4 o incluso asesinados. Por no mencionar a otros primates como los orangutanes5 y tantos otros animales de la selva.

Así que sí: los problemas del aceite de palma son muchos y enormes, y para nuestra salud también, pero no se reducen a lo que comemos.

Deforestación en territorio Ayoreo (Survival)

Y lo mismo podríamos decir de otro cultivo que también se ha impuesto en nuestra alimentación y también ampliamente usado en combustibles: la soja. Presente en la mayoría de productos alimentarios procesados, pero también usado su aceite en agrocombustibles.

En 2020 Brasil adelantó a Estados Unidos como mayor productor de soja del mundo. Después están también Argentina y Paraguay. Como ocurre con la palma africana, estas plantaciones han provocado una gran deforestación, e incendios de gran impacto global como los de la Amazonía en 2019 en Brasil, Bolivia, y también Ecuador, Colombia, Perú o Guayana, los del Pantanal, y que a otro nivel han continuado y continúan después.

A nivel alimentario recordar que su cultivo tan masificado, de forma única (monocultivo), precisa grandes volúmenes de fitosanitarios, y para ello también el uso de especies transgénicas que son resistentes a todos esos químicos. El efecto en el medio ambiente es trágico. El efecto en la salud de las personas cercanas a los cultivos y que sufren las fumigaciones aéreas está ampliamente constatado y es objeto de alarma. Pero también en las que las ingerimos.

El Departamento de Agricultura de Estados Unidos predice que  este curso 2021-22 se destinarán solo en Estados Unidos 5.000 millones de litros de aceite de soja para la producción de biocombustible. Se precisan 7-8 kg de soja para un litro de aceite, con lo cual tendríamos 35 millones de toneladas de soja. Según estimados en una héctarea se pueden cosechar  3,11 toneladas de soja, con lo que tendríamos más de 11 millones de héctareas dedicadas a soja solo en Estados Unidos y solo para agrocombustibles.

Por su parte la campaña Transport and Environment (T&E) (Transporte y Medio Ambiente) calculaba que a las políticas de agrocombustibles de la Unión Europea para la última década les correspondería la deforestación de un área aproximadamente del tamaño de los Países Bajos.6 Esa deforestación se elevaría a 4 millones de hectáreas de selva, principalmente en el sudeste asiático y América del Sur desde 2011. Se asocia a los cultivos precisos para esos agrocombustibles: soja, palma y otros aceites.

Ayoreos ante el monstruo (Survival)

En el caso de la soja observar que dentro de sus muchos usos tiene uno que difiere con la palma africana, y es que mucha de ella se utiliza como alimento para el ganado, del que luego nos alimentamos (os alimentáis). Tanto la carne como los productos lácteos que consumimos se producen con ella, y a su uso corresponde también el aumento de su uso en nuestras dietas y algunas prácticas alimentarias más que cuestionables. De ahí nuestra responsabilidad también con esos países y comunidades (y su salud) donde se produce, y el potencial sanitario por su ingesta. Cada año se siembran 46 millones de hectáreas de soja en Latinoamérica, según WWF.

Hoy nos llegan las imágenes estremecedoras de la deforestación en Paraguay y el avance de nuevas extensiones de soja. Allá, se está destruyendo la selva del Chaco, un bioma que aunque menor en extensión, es tan fundamental como la Amazonía. Tanto para el Planeta, como para la emergencia climática, pero sobre todo para los que en él habitan, incluidos animales de la especie humana. En esta selva habita el pueblo Ayoreo, mucho del cual ha sido desposeído y desplazado para dar paso a los cultivos. Pero una parte ha decidido permanecer sin tener contacto con esta llamada civilización, que tumba su casa y lo más sagrado en ella que es la Vida. Como el pueblo Aché, o el Guaraní (Mbyá y Ava) también en estas fronteras creadas de Brasil y Paraguay, como el pueblo Enawene Nawe, el Karipuna, o el Colalao y el Wichi en Argentina, y como tantas comunidades sin poder para hacer frente a este genocidio, son víctimas directas de nuestro modelo alimentario, energético, económico.

Sí, los efectos en nuestra salud de la palma aceitera, al igual que la soja, son mayores de lo que pensamos. Y para aquellas personas que habitan cerca o en el lugar decidido para cultivarlas TODAVÍA PEORES!

 

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#TierraAyoreo from Survival International- español on Vimeo.

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NOTAS:

2Entre 2001 y 2017, Indonesia perdió 24 millones de hectáreas de cubierta forestal, una superficie casi del tamaño del Reino Unido.

www.hrw.org/report/2019/09/23/when-we-lost-forest-we-lost-everything/oil-palm-plantations-and-rights-violations

3Konsorsium Pembaruan Agraria (Consorcio para la Reforma Agraria, KPA), una ONG indonesia, documentó más de 650 conflictos relacionados con la tierra que afectaron a más de 650.000 hogares sólo en 2017. (Human Rights Watch) www.hrw.org/report/2019/09/23/when-we-lost-forest-we-lost-everything/oil-palm-plantations-and-rights-violations

www.globalwitness.org/en/campaigns/forests/true-price-palm-oil

4Y muchos presos usados como mano de obra en Malasia

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