A un mes de la COP30, Brasil autoriza la explotación petrolera en la costa del Amazonas


Foto principal: Indígenas protestan en Río contra la subasta de bloques petrolíferos en Margem Equatorial y Abrolhos.

 (English) (Euskara)

La noticia conmociona al país: el gobierno de Lula, a menos de un mes de celebrarse en su país la 30ª Cumbre climática en Brasil, en Bellem de Pará (COP 30), autoriza la exploración petrolera en la costa de la desembocadura del Amazonas, lo que genera protestas.

¿Cómo puede suceder esto cuando ese gobierno se ha declarado impulsor de la lucha climática en el mundo? ¿Cuando esta cumbre es tan relevante? ¿Dónde quedan sus planes de convertirse en líder climático, cuando dijo hace un año (noviembre 2024) en la Cumbre del G20 de «Necesitamos una governanza climática más fuerte»? Cuando dijo en la COP 28 de Dubai aquello de reducir la dependencia de combustibles fósiles ¿Qué mensaje manda al mundo Brasil cuando ha movilizado a otros países para que acudan a la COP y asuman compromisos?

Ironías de la vida, hoy (24 de octubre), en Indonesia, Lula afirma que Brasil es líder en energía limpia (lo que también es muy cuestionable, pues muchos combustibles se obtienen a partir de cultivos, lo que tiene serios efectos en el medio ambiente y también a nivel social), y que la exploración en la Margen Ecuatorial servirá para impulsar la transición verde. La misma dualidad que encontramos por doquier en este sistema: impulsamos las renovables pero seguimos consumiendo combustibles fósiles, o como es el caso los intensificamos. O lo que se entiende como lavado verde, las energías renovables y supuestos compromisos ambientales al servicio de limpiar la cara a las energías fósiles. A esas declaraciones de hoy en Indonesia Lula añade: “Brasil será ejemplo global en la transición energética durante la COP30”.

Pero la otra razón para promover esta incoherencia puede residir en la situación económica del gobierno que precisa 27.100 millones de reales adicionales (4.326 millones de euros) para cumplir los objetivos fiscales. En este caso, la explotación petrolera podría justificarse no desde un punto de vista energético, sino económico. Las estimaciones son de  10.000 millones de barriles de petróleo que presuntamente podrían generar 420 mil millones  de reales (67.270 millones  de  euros).

Pero Brasil ya ha añadido una gran producción de petróleo y gas a su economía, y mucho es destinado a la exportación. Como bien explica la directora del Instituto Arayara, Nicole Oliveira, en una entrevista a Brasil de Fato, «Brasil exporta entre el 40 % y el 45 % del petróleo que produce, por lo que es una falacia». (ver más Amazonia Livre de Petroleo)

En este sentido, nos encontraremos ante la misma situación que muchos países productores de petróleo han vivido antes, en la que su producción, si bien promete ser una fuente de ingresos al principio, se convierte en un problema pues, ante las nuevas posibilidades de inversión, surge la inflación y la deuda. Lo que se denomina la Maldición de los Recursos. En este caso también, pese al control nacional de la producción a través de una empresa estatal y el supuesto destino controlado de los beneficios, el petróleo continuaría siendo una falsa solución económica.

Además de las necesidades económicas y los deseos de alcanzar más altas cotas de progreso, la exploración y futura explotación de los yacimientos mar adentro de Margem Equatorial se corresponden a los condicionamientos del pico de petróleo, la disminución de yacimientos y de recursos, conforme los vamos consumiendo. Llegados a este punto, las empresas y los gobiernos arriesgan más y ponen en marcha proyectos que hasta ahora eran inviables (no sólo tecnológicamente). Así se impulsa la extracción a grandes profundidades marinas (1/3 del petróleo extraido ya procede de estas plataformas), en recónditas y vulnerables zonas de selva, o con caras y peligrosas tecnologías como el fracking.

Amenaza para el medio ambiente y los pueblos indígenas

Además de las afecciones climáticas, están otros impactos ambientales. La única forma de comprobar si existe petróleo es perforando. Al perforar, el principal riesgo es la posibilidad de un derrame de petróleo, que podría afectar significativamente a la fauna marina local, incluidos los arrecifes de coral.

Esta es una de las regiones de mayor sensibilidad ambiental del Planeta, catalogada como Área Prioritaria para la Conservación de la Biodiversidad de la Zona Costera y Marina. Aquí se encuentran ecosistemas únicos como el gran sistema de arrecifes amazónicos y más del 80 % de los manglares de Brasil. También es una zona de una gran riqueza piscícola, de la que también depende la seguridad alimentaria de miles de familias.

Dentro de estas poblaciones, esta exploración amenaza a las comunidades indígenas que habitan esa costa. En esa costa se sitúa la zona indígena protegida de Oiapoque, habitada por pueblos Karipuna, Palikur, Galibi Marworno y Galibi Kali’na. Además de los impactos directos de la exploración y de la consecuente futura explotación, debemos recordar que los pueblos indígenas son también los más vulnerables a la crisis climática y sus efectos, como son las plagas, fenómenos climatológicos extremos (sequías, inundaciones, ciclones) y otros que se derivan de estos, como los incendios, o la subida del nivel del mar en el caso de los que viven en la costa.

La lideresa de Oiapoque y de la Articulação dos Povos e Organizações Indígenas do Amapá e Norte do Pará (APOIANP), Luene Karipuna utliza un juego de palabras para expresar su negativa al proyecto: «Nuestros territorios están cansados de ser explorados», aludiendo a la previa exploración colonialista y a la actual petrolera.

«¿Seremos un nuevo Belo Monte? ¿Seremos un nuevo territorio yanomami explorado, destruido y presionado?», continúa Karipuna. Ambos son territorios indígenas que ha sufrido un gran impacto ambiental: en el primer caso, ha afectado directa o indirectamente a 20.000 personas, incluyendo el desplazamiento, o incluso un genocidio por contaminación, epidemias y acoso en el segundo. En Belo Monte el desastre lo provocó el que ha sido el segundo mayor embalse del mundo, mientras que en territorio yanomami el problema lo ha creado la minería ilegal. Se da la coincidencia de que Belo Monte fue construida en el anterior gobierno de Lula. En el caso yanomami, la mayor crisis ocurrió nada más entrar Lula en el cargo, pero fue resultado de las políticas de su predecesor, Jair Bolsonaro. Lula viajó al territorio indígena y calificó la situación de genocidio, declarando que su predecesor fue «un gobierno insensible al sufrimiento del pueblo brasileño», y declarando el compromiso de su gobierno con los derechos indígenas.

Zona indígena protegida de Oiapoque

Fruto de ese compromiso fue la creación del nuevo Ministerio Indígena. Pero como Karipuna cuestiona ¿De qué sirve un ministerio si luego no se respetan esos derechos indígenas? Como ella también decía, los pueblos indígenas, a diferencia de los animales marinos, no han sido considerados, ni están ni tan si quiera incluidos en el Plan de Contingencia de este proyecto de exploración petrolera.

Brasil no solo cuenta con una gran biodiversidad, sino que tiene también una gran diversidad cultural, pues en su territorio habitan nada menos que 391 pueblos distintos (algunos no contactados) (295 lenguas)1. El gobierno de Brasil debería no sólo proteger ese legado, sino que también tomarlo como ejemplo, y, en lugar de aspirar a cotas de consumo mayores imitando parámetros capitalistas, debería promover los valores y el estilo de vida indígena (Buen Vivir) y ser referencia en ese campo. El Planeta necesita decrecer y Brasil cuenta con la(s) cultura(s) y las herramientas.

Una amplia zona extractiva denominada Margem Equatorial.

El proyecto concedido es el correspondiente al bloque FZA-M-059, en la zona Margem Equatorial. Se sitúa a 500 kilómetros de la desembocadura del río Amazonas y a 175 kilómetros de la costa, en aguas profundas de Amapá, hasta 2500 mts de profundidad. Con él, Petrobras y el gobierno esperan demostrar la existencia de petróleo para luego, obviamente, ser extraído y consumido.

Irónicamente, es el Ibama (Instituto Brasileiro do Meio Ambiente e dos Recursos Naturais Renováveis) dependiente del ministerio de Medio Ambiente, presidido por Marina Silva, quien avaló la decisión. Silva ha vuelto a este gobierno, tras haber salido anteriormente del formado por Lula de 2003 a 2008 por desavenencias ambientales, en políticas energéticas de bio-combustible e hidroeléctricas.

Esta decisión no ayuda mucho a las puertas de la COP. Deslegitima intentos por descarbonizar. No es que Brasil, pese a su gran producción y uso de bioetanol y biodiessel, este exento de producción fosil: este julio 2025 Brasil superó su máximo histórico de producción de petróleo y gas con 5.160 millones boe/d (barriles equivalentes de petróleo al día). La mayor parte de ese petróleo (92%) procede de aguas profundas y ultra-profundas, principalmente del yacimiento Pre-sal 2 a 7000 metros de profundidad en la costa sur del país.

Recordar que el Pre-sal fue hallado en el gobierno de Lula (2007) y que su explotación fue directamente impulsada por su gobierno y posteriormente por el de Dilma Rousseff. En su discurso, Lula siempre planteó que el dinero resultante de su extracción se re-invirtiría en la sociedad brasileña y en proyectos sociales, y que fuera explotado por la empresa estatal Petrobras. Sin excluir el dinero embolsado por individuos, porque en la industria petrolera los derrames también son de este tipo, y el defraudado, como ocurrió en el escándalo Lava Jato de 2014 en Petrobras.

Se todas formas, hay que tener en cuenta que además de suponer grandes cantidades de petroleo que son quemadas contaminando y contribuyendo al cambio climático, la perforación a esas profundidades conlleva grandes riesgos como ya se ha demostrado en numerosas ocasiones3, con la posibilidad de derrames en el mar. El año de la creación de la empresa para explotar el Pre-sal (2010), ocurrió el mayor accidente extractivo en alta mar, el de la plataforma Deepwater Horizon en el golfo de México.

Este julio, sin embargo, el Ibama rechazó la solicitud de Petrobras para acometer la 4ª fase de la exploración del Pre-sal. Al parecer, esta solicitud carecía de un plan de acción climática. Ahora: ¿que plan de acción climática puede tener un proyecto de exploración petrolera?

La gravedad de esta decisión no es por lo que supone en sí, sino por que abre la puerta a otros proyectos. La costa de la Margem Equatorial en la que se encuentra la desembocadura del Amazonas, ha sido dividida en bloques que este gobierno ya ha procedido a vender a distintas empresas. De continúar de esta forma serán también Exxon Mobil y Chevron las que operen junto a Petrobras. Éstas se hicieron con bloques cuando este gobierno, el 17 de junio de este año subastó 47 bloques, de los que 19 fueron comprados.4

Bloques para la extracción petrolera en la Amazonía brasileña (Amazonia Livre de Petroleo)

Parece que estuvieran esperando a aprobarlo tan cerca de la COP30, porque este proyecto tiene un largo historial de rechazos. Son años que llevan intentando sacarlo adelante. En 2018 el Ibama ya rechazó una solicitud a la petrolera Total y en 2024 a Petrobras.

Además de Arayara, la propia Federación Única de Petroleros (FUP) ha presentado una demanda judicial por entender que estas licitaciones violan los compromisos ambientales y climáticos asumidos por Brasil. Bueno ver esta posición del propio sindicato de los petroleros, quienes, por lo menos, siguen files a sus planteamientos. La FUP aboga por reconvertir la industria petrolera en renovable, para proveer a la sociedad de energía limpia pero también de forma democrática5.

Oil in the soil – Dejad el petroleo bajo tierra.

La COP a celebrarse en Brasil debería ratificar decisiones de las anteriores COPs. Si bien éstas no han sido muchas, nos tenemos que retraer a la COP21 de París de 2015 para encontrar los planteamientos más sustanciales. En ella se planteaba no superar la temperatura global en 1,5 °C para evitar impactos irreversibles en el clima. Para ello, ya entonces, muchos expertos aconsejaba que la única forma era no iniciar nuevos proyectos extractivos: dejar el petróleo bajo tierra. Ese ha sido el lema de Oilwatch, «Oil in the soil», la organización internacional de personas y comunidades del Sur afectadas por la extracción petrolera.

Leave oil in the soil: demonstrators in the COP17

Sin duda uno de los hitos de esta campaña fue el intento de no perforar en el parque Yasuní en Ecuador (Bloque 43 ITT). Este intento, avalado en un principio por el gobierno de Correa, sufrió después un revés con su licitación. De esta forma, como ahora, se priorizaba el rentabilizar la extracción petrolera a sus daños ambientales y sociales. De esta forma, un gobierno de corte progresista, como ahora, traicionaba sus postulados anteriores. En agosto de 2023 se celebró una nueva consulta en la que el resultado fue de nuevo a favor de mantener el petróleo en el subsuelo: 58,95 %. De acuerdo con ello, se deben desmantelar 246 en cinco años y cinco meses (10 de ellos, considerados de abandono inmediato, fueron eliminados en el 2024). A partir de este año (2025) se deberían taponar 48 pozos por año. Pero el pueblo waorani que habita el lugar ya se ha movilizado para protestar por la lentitud del desmantelamiento.

Foto: Periodismo de Izquierda – Télam.

En Argentina la oposición a las exploraciones petroleras marinas se vertebró en torno al Atlanticazo que consiguió sostener la defensa del mar. En Noruega la oposición popular también consiguió frenar la exploración costera en el Círculo Polar Ártico. En Brasil la oposición no se ha hecho notar de igual forma.

La movilización social en Canarias también consiguió detener el intento de Repsol de iniciar prospecciones petroleras entre 2011 y 2015. Nuevamente, la amenaza ambiental era muy grande. Este abril el Cabildo de Gran Canaria rechazó también la exploración de gas y petróleo de Marruecos (con empresas israelíes!!!) cerca de Canarias.

 ¿Nueva hiCOPresía?

Diez años después de aquella cumbre de París, ese objetivo de 1,5º se ve fuera de alcanzable, y los expertos creen que el Planeta se calentará alrededor de 2,5º a finales de este siglos. Por lo que la cumbre a celebrarse en Brasil debería presentar serias medidas. Así, esta COP, nos tememos que lamentablemente dará continuidad a las anteriores de Azerbaiyán (COP29) y Emiratos Árabes Unidos (EAU) (COP29), caracterizadas por el interés de sus anfitriones a conseguir acuerdos que no supusieran un riesgo para sus políticas extractivas fósiles.

 

NOTAS:

3Santa Barbara (California) 1969, Montara (mar de Timor) 2006, en el Mar del Norte en 1988 Piper Alpha yen 1980 el de Alexander L. Kielland, el de Bohi 2 (mar entre China y Corea) 1979

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