Entrevista a Andrés Gómez, activista y actualmente coordinador para Latinoamérica de la iniciativa por un Tratado sobre Combustibles Fósiles.
Hoycomienza en Santa Marta (Colombia) la Primera Conferencia sobre la Transición para Abandonar los Combustibles Fósiles. La Conferencia ha sido convocada por los gobiernos de Colombia y los Países Bajos que junto a otros 16 países participan desde 2024 en la Iniciativa del Tratado de Combustibles Fósiles. La segunda se celebrará dentro de un año en el Pacífico.
La conferencia se desarrollará en paralelo con otros eventos donde la sociedad civil estará totalmente representada: la Conferencia Territorios Libres de Combustibles Fósiles y con una Cumbre de los Pueblos.
A nadie nos es ajeno que esta conferencia ocurre en un momento de convulsión mundial, en el que la energía y en especial los combustibles fósiles se encuentran en el epicentro. Las agresiones por parte de EEUU e Israel a Irán han provocado el cierre del estrecho de Ormuz y con ello una crisis de dimensión planetaria por la dificultad del tránsito de esos combustibles fósiles. Pero igualmente, en enero, teníamos a uno de esos protagonistas (EEUU) agrediendo a otro país, Venezuela, con el objetivo de facilitar su acceso también a esos combustibles fósiles. Mientras, la guerra en Ucrania que tiene en su transfondo también el acceso y tránsito del gas, ha superado los 4 años.
Ahora que a nivel mundial se había consensuado una teórica Transición Energética, nos percatamos que seguimos tan dependientes de los combustibles fósiles. O más, porque su presencia se encuentra en claro declive.
En este contexto, vemos que los combustibles fósiles no significan únicamente el desastre de la contaminación por su extracción, transporte y combustión, o el consecuente desastre del cambio climático, sino que significan también guerra, muerte y destrucción. Por ello, en este momento acuciante para la humanidad y el Planeta, abandonar los combustibles fósiles es más urgente que nunca, y una conferencia así también.
Hemos entrevistado a Andrés Gómez, activista y actualmente coordinador para Latinoamérica de la iniciativa por un Tratado sobre Combustibles Fósiles.
En noviembre se celebró la última COP30 (Conferencia de las Partes) del cambio climático en Brasil. Allá se presentó esta Primera Conferencia Internacional sobre la Transición para Abandonar los Combustibles Fósiles. ¿Qué es lo que va a aportar esta conferencia a lo que se viene haciendo a nivel climático y ambiental? 
Esta es una conferencia histórica, es la primera vez que en los países de diferentes estados, en este caso más de 55 países que van a estar en Santa Marta, se sientan específicamente a hablar de combustibles fósiles y lo que dice el ministerio de Ambiente es precisamente que están llegando países que están convencidos de que se necesitas de que una salida planeada, justa e equitativa de los combustibles fósiles. El espacio no pretende substituir a las COP, esto es evidente, pero sí enlaza con lo que podría ser unos caminos más expeditos, más rápidos hacia la salida de los combustibles fósiles. El reporte que saldrá de la conferencia que presentarán Países Bajos y Colombia va a ser parte de lo que será la próxima COP, la hoja de ruta, la propuesta de Brasil y también esperamos que se genere un camino claro hacia cómo abordar este vacío en la gobernación internacional que pueda complementar el acuerdo de París y que pueda ser a través de un tratado sobre combustibles fósiles.
Una de las cuestiones más difíciles de responder al tratar la transición de los combustibles fósiles es cómo abandonarlos sin dejar a nadie atrás, sin perjudicar las economías menos fuertes, o cómo esas economías pueden dejar de ser dependientes de esos combustibles.
Las soluciones que se buscan aquí, son arriesgadas, son complicadas, estamos hablando de la economía fósil, de petróleo, el carbón y el gas que soportan todo el sistema económico y que tienen claramente unas diferencias entre consumidores, productores, y unos problemas económicos para cada región y para cada país distintos. Claramente se necesita un instrumento internacional, una construcción multilateral, para buscar esa salida. Aquí tenemos que hablar de muchos aspectos: tenemos que hablar de cómo la ciencia nos dice que no necesitamos más expansión, más nuevos proyectos de petróleo y gas. También de cómo hacemos una salida justa y equitativa en el tiempo, porque tenemos que entender que no puede ser que dejamos de consumir fósiles de un día para otro. Eso necesita una planificación estratégica que tenga en cuenta las condiciones históricas, las condiciones de cada país; las responsabilidades también, las condiciones económicas y precisamente esta es la construcción que se puede abordar allí. Por eso la conferencia tiene una perspectiva de 13 ejes en los que están buena parte, sino todos, los temas alrededor de los combustibles fósiles. Uno de ellos alrededor de economía y condiciones fiscales, otro alrededor de la oferta y la demanda, y otro alrededor de los vacíos en la gobernanza global para la salida de los combustibles fósiles. Entonces, allí se están abordando todos estos temas y con la amplia perspectiva, no sólo de los 55 países, sino de los más de 10 sectores de sociedad civil que también estarán dando aportes y generarán una visión de lo que son los caminos habilitantes para la salida en los combustibles fósiles.
Las comunidades han dicho muchas veces en las COP que ellas ya tienen soluciones que están aplicando en la realidad pero que no son escuchadas. En ese sentido, ante las preguntas y los retos que va a enfrentar esta ¿Dónde crees reside la mayor complejidad a la hora de buscar soluciones?
Me parece que el punto más difícil de abordar es éste que también termina siendo el de mayor peso en el proceso de la Convención Marco del Clima y es las responsabilidades históricas, las responsabilidades diferenciadas. Hay unos países que a partir de la explotación de fósiles y del uso intensivo de ellos han conseguido unas condiciones económicas completamente distintas a la del Sur Global, y de esta manera debería haber una compensación de lo que ha sido este aprovechamiento y esta responsabilidad de la crisis climática para que los países del Sur que tienen unas condiciones económicas distintas y que tienen también unas condiciones de acceso a energía distintas puedan construirse. Por eso hay que insistir en este camino de una salida a través de un instrumento multilateral como un tratado de combustibles fósiles que perfectamente pueda construir, pueda avanzar en la solución de estos problemas de la equidad. Eso es lo que se está empujando desde las sociedades civiles y lo que se está empujando también desde el gobierno colombiano y los 18 países que promueven un tratado sobre combustibles fósiles. Ahí también es importante entender que esta transición tiene que tener una perspectiva de justicia energética en los territorios. En muchos de los territorios hay hoy comunidades que no tienen acceso a la energía. ¿Qué transición se les piensa poder proponer mientras los países del Norte Global gastan 100 o 150 veces más energía que el resto? Entonces es aquí donde donde hay una una perspectiva compleja que empuja a la sociedad civil a través de soluciones equitativas y, que digamos, en términos económicos también la perspectiva de la deuda sobre el Sur Global que no es espacio para la transición, van a ser los temas más difíciles. Insisto: estos temas económicos que tienen que ver alrededor de la justicia financiera, de la deuda y de la reforma a todas estas construcciones, y la reparación sobre los países del Sur Global.

«Dado que la producción de combustibles fósiles está tan arraigada estructuralmente en los mercados mundiales, los sistemas financieros y la geopolítica, ningún país puede gestionar esta transición por sí solo.
Una cooperación internacional coordinada, basada en la equidad y la justicia, es esencial para evitar una eliminación gradual desordenada, recesiones económicas y nuevas formas de desigualdad energética.
La exigencia de abandonar los combustibles fósiles ya no es solo un susurro que muchos no se atreven a pronunciar en voz alta; es un grito universal por la supervivencia: debemos alejarnos de manera equitativa de la extracción que trama nuestra destrucción.
Necesitamos una transición global que nos aleje de los combustibles fósiles y que sea rápida, justa y cuente con financiación; una transición que refuerce la soberanía energética, estabilice las economías y apoye a los trabajadores y las comunidades, sin dejar a nadie atrás»
