Como ya hemos informado desde esta página, la política migratoria fascista de Trump en esta su segunda legislatura se ha centrado en las deportaciones por medio de ICE. Pero eso no significa que haya desistido en su intento de construir un muro en la frontera de EEUU con México. Exacto: esto también denota una realidad, ahora obviada por el propio Trump y es que no cumple sus promesas: pese a todo el dinero invertido, tanto esfuerzo, lo que prometió en su primera legislatura de construir un muro, no lo materializó, y ahora tampoco consigue hacerlo. «¡Menos mal!» diremos, «alguna política inhumana que no consigue materializar».
El caso es que en uno de esos tramos que continúan incompletos ha ocurrido una lucha preciosa (preciosa en sí por si solo, por suponer por sí sola una resistencia a tanto poder, abuso e imbecilidad) en la que se han conjugado la luchas contra las fronteras y las deportaciones, y la lucha por la conservación ambiental. Sí, parte de las las razones por las que ese muro odioso no sigue adelante es también porque activistas lo resisten y de la que ha informado CrimetIhnc.. La resistencia en cuestión tiene lugar en Arizona, un ecosistema en el que se encuentran álamos de algodón (Otro tramo incompleto en lucha se encuentra en Texas – ver más abajo).
De hecho, esos álamos y ese ecosistema se ha conseguido proteger (esperemos que sea definitivamente) utilizando una técnica ya muy replicada y que aquí también la hemos tratado en numerosas ocasiones: la ocupación arbórea. Por eso también nos parece muy interesante, ya que la podemos unir con luchas recientes como Cop City (Atlanta) y Yellow Finch (Virginia) en EEUU, Puszcza Borecka ((Polonia), Altdorfer Wald, Flensburg y Hambach (Alemania), Stop HS2 en Reino Unido, La Clusaz (Suiza), Don Bosco (Italia) y los anteriores de EEUU, de Reino Unido y de tantos otros sitios.

La resistencia también nos recuerda aquella llevada a cabo entre Polonia y Bielorusia, en la que se intentaba proteger el bosque primitivo maravilloso de Białowieża, también en peligro para construir otro muro fronterizo y también para impedir el paso migratorio. En ese caso, comentar también que ese muro se construía en Polonia, y que, por lo tanto, tenía como motivo sobre todo impedir el flujo migratorio, y específicamente en ese país ( Polonia) pero más ampliamente, en Europa. Por ello, no es sólo Trump el que construye muros odiosos, sino que aquí en la UE También.
Porque así lo comprobamos ahora también con la reciente crisis migratoria de Ceuta, en la que se corroboran el papel que juegan fronteras y estados como el español, el griego, el polaco que citamos, y otros que hacen de amortiguación como el marroquí, el turco, etc. y lo que de verdad significan las fronteras y los nacionalismos. Lo cerca que estamos del fascismo. Lo que denominamos crisis solo se refiere a la situación que nos afecta de cerca, no la crisis que viven millones de personas en África, Latinoamérica o Asia que se encuentran atrapadas, y las crisis que les fuerzan a emigrar. Y cientos de otras crisis asociadas en esta Europa fortaleza, como la que vivimos estos días en Donostia con la decisión municipal de impedir a personas voluntarias (Kaleko Afari Solidarioak) a alimentar a personas migradas (cuando lo hacen desinteresadamente!).
Por último, este caso nos trae también una constatación, que, aunque obvia, merece ser comentada: en todos esos bosque y lugares no existe ninguna frontera. Esas fronteras son construidas, son humanas, son imaginadas y son impuestas en nuestras culturas, pero sobre todo, son impuestas a otras gentes, en ecosistemas que además los dañan o destruyen. No solo no son necesarias sino que además son evitables e indeseables.

Otra cosa sin tanta importancia, pero que desde Euskal Herria (País Vasco) nos llama la atención: el nombre del estado Arizona guarda significado en nuestra lengua, como Aritz Ona (Roble bueno). De hecho, es uno de los significados etimológicos que allá también se aceptan. Hay muchas espedies de robles en Arizona (Roble de Arizona, roble de Emory, roble blanco de Arizona, roble de las escarpaduras, roble de Arizona, roble de Gambel, roble de Texas, roble del matorral del desierto, roble de los cañones, roble de Palmer). Entendemos que de los muchos vascos que allá fueron (para los que no hubo fronteras ni impedimentos de paso, pese a ser esa tierra de otros pueblos como el O’odham) como pastores o con otras formas de vida, esos robles les recordaban a los robles de su tierra natal, pero, sobre todo, esos robles eran lo suficientemente significativos como para dar nombre al estado. Tan significantes como los álamos de algodón que activistas y vecinos quieren conservar.

Aún más: otro aspecto interesante del artículo de CrimetIhnc. es que comienza con un poema de Gloria Anzaldúa, y que uno de los artículos que escribimos recientemente en A Planeta —«Trump, el último eslabón…»— también empezaba con un texto de otra mujer chicana, Cherríe Moraga. De hecho, tanto Anzaldua como Moraga han colaborado en proyectos conjuntos, como el libro «Este puente, mi espalda: escritos de mujeres radicales de color».
Tramo de Texas y Oklahoma también incompleto
Pero el de Aritzona tampoco es el único tramo que le queda a Trump. El muro que se propuso Trump entre EE. UU. y México debería extenderse por una distancia de 3.144 kms, lo cual contempla numerosas dificultades. De esa frontera más de mil kms se han completado con barrera «primaria» pero algo más de 2.000 kms permanecen sin ninguna barrera, siendo también el concepto de barrera finalizada muy subjetivo. Además del de Lochiel en Arizona, en Texas permanece sin muro el Big Bend, o la Gran Curva del Río Grande. Ahora, también, un colectivo indígena presenta una demanda para detener la construcción de esta parte del muro fronterizo basándose en razones religiosos (Ley de Restauración de la Libertad Religiosa), ya que afectará a sus lugares sagrados y a ecosistemas fundamentales para sus prácticas espirituales . El pueblo afectado es el apache, de rama lipán.

Además, el macroproyecto afectará la zona natural estipulada del Parque Nacional de Big Bend, pero también el Parque Estatal de Big Bend Ranch (las dos joyas ambientales de Texas), así como la zona de gestión de la caza (WMA) de Black Gap y al Parque Estatal del Cañón Semínola. Para poder llevar a cabo este macroproyecto, el gobierno de EEUU ha tenido que suprimir 28 leyes federales de protección. Como ya sabemos, ha sido una de las prácticas de Trump eliminar instituciones y trabajadores que velaban por la protección ambiental.
El Parque Nacional Big Bend se creó en 1940, y para ello el estado utilizó la facultad de expropiación forzosa que supuso el desmantelamiento de comunidades enteras y se demolieron viviendas, graneros y sitios históricos de relevancia. Ahora, ochenta años después, presenciamos como es razón para expropiar y (en teoría) proteger el hábitat se ignora. Ahora, nuevamente, las familias que viven a lo largo del río se enfrentan nuevamente a la misma una situación: aceptar una oferta de compra del gobierno o luchar en los tribunales.
Los demandantes contra el tramo de Big Bend son «una coalición comunitaria centrada en la educación pública, la transparencia en la toma de decisiones federales, la protección de los recursos culturales y medioambientales, los derechos de los propietarios de terrenos y el debido proceso en respuesta a la propuesta del muro».
Coincidencia, uno de los desastres ambientales mayores de los últimos años en la Amazonía brasileña fue la construcción del embalse de Neoenergía (Iberdrola) de Belo Monte. Éste se construyo también en la gran curva (Big Bend o Volta Grande) de otra gran río, el Xingú, afluente del Amazonas.