La privatización de Eletrobrás provocará encarecimiento de luz, nuevos apagones y desempleo

Plataforma Obrera y Campesina del Agua y la Energía

Traducción: Ciro Casique Silva

En Brasil, la medida provisoria que avala la privatización de la empresa puede ser votada esta semana; la Plataforma de Energía y los movimientos se manifiestan contra la privatización y clasifican el proceso como «saqueo»; revise el comunicado completo. por POCAE – Plataforma Obrera y Campesina del Agua y la Energía

El gobierno de Bolsonaro dirige otro ataque más al pueblo brasileño y a la soberanía del país: la privatización de la empresa federal Eletrobrás. Actualmente, 62% de las acciones de la compañía están bajo control estatal y la propuesta es entregar ese porcentaje al capital internacional. La consecuencia será el aumento aproximado de 20% en las cuentas de luz de la población por un período de 30 años. 

Vender Eletrobrás significará la privatización de 125 plantas de generación (51,125 MW), siendo 80% de origen hidráulica, 71.000 kilómetros de líneas de transmisión y 366 subestaciones de energía eléctrica. Su patrimonio está valorado en casi R$ 400 mil millones, pero el gobierno prevé recaudar con su venta apenas cerca de R$ 61,25 mil millones. 

La mayor parte de las plantas de Eletrobrás vende su energía a un menor costo en comparación con las empresas privadas. Los datos de la Agencia Nacional de Energía Eléctrica (ANEEL) revelan que el precio de venta de la energía producida por sus hidroeléctricas es de R$ 65,30/1.000 kWh. Al privatizar Eletrobrás, ésta será autorizada a vender su energía más cara (al precio de mercado) y cobrar esa diferencia de R$ 185,00/1.000 kWh a los consumidores en las cuentas de luz con aumentos futuros. Será permitida también una nueva concesión de propiedad de 30 años –que irá hasta 2051– y serán revisados todos los precios finales de la energía de las plantas privatizadas. Toda la diferencia del valor por kWh ( además de la pérdida y el perjuicio que se tendrá con la privatización) serán integralmente transferidos en las tarifas finales de los consumidores residenciales. 

La propia ANEEL, en un estudio interno anterior prevía que, si la empresa fuere privatizada, las tarifas tendrían en promedio 16,5% de aumentos nacionales. El «tarifazo», sin embargo, será aún mayor. La privatización de Eletrobrás significa un ataque más al pueblo brasileño en este momento de crisis sanitaria y económica, resultando en la pérdida completa de la soberanía nacional del sector eléctrico. Eso resultará en aumentos abusivos en las cuentas de luz, desempleo, dificultad para retomar la economía pospandemia, pérdida de la calidad del servicio, posibles desastres ambientales y nuevos apagones.  

Para aprobar la privatización en el Congreso, el acuerdo del gobierno prevé destinar R$ 8,75 mil millones para «inversiones» en tres proyectos de diez años de duración (norte, noreste y sureste), que serán administrados por «Comités Gestores» indicados por el «Poder Ejecutivo Nacional». Esta es la estrategia para comprar grupos de parlamentarios con el fin de votar a favor del entreguismo bolsonarista. Unos R$ 3,5 mil millones más serán destinados a subvencionar a los dueños de termoeléctricas de combustibles, R$ 25,5 mil millones serán enviados a los cofres de la Unión Federal y otros R$ 25,5 mil millones serán transferidos en cuotas anuales, por 30 años, a la Cuenta de Desarrollo Energético (CDE) para una supuesta «tarifa módica»; en la práctica, un recurso que será usado para subsidiar los agentes empresariales controladores del sector eléctrico nacional. Osea, esa es una forma de devolución del dinero al sector privado que controla la electricidad del país.  

Este proceso es un verdadero saqueo y pillaje del patrimonio público, que tiene el objetivo de privilegiar los privilegiados que sustentan este gobierno. El pueblo brasileño será la gran víctima y no puede aceptar tamaña agresión al país. 

Es un error entregar la energía al control privado. Es necesario un amplio proceso de resistencia y de lucha de todos para derrotar hasta el fin y en profundidad esta política energética en curso, liderada por un gobierno entreguista con características neofascistas. Es necesario construir algo mejor, con soberanía, distribución de la riqueza y control popular.

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